En un momento en que el envejecimiento poblacional convierte la salud cognitiva en una preocupación colectiva, la neurociencia comienza a separar el mito de la evidencia: no todos los ejercicios mentales son iguales, y algunos —como el entrenamiento de velocidad de procesamiento— parecen capaces de reorganizar físicamente el cerebro adulto y alterar biomarcadores asociados al Alzheimer. Lo que durante décadas se vendió como solución en estantes de librerías —crucigramas, Sudokus, juegos de memoria— resulta tener un impacto más modesto de lo que se creía, mientras la ciencia avanza, con más de