En los días más calurosos del año, el cuerpo humano enfrenta una paradoja silenciosa: la búsqueda de alivio en el frío puede convertirse en la puerta de entrada a la enfermedad. El divulgador científico Jorge Alcalde recuerda que no es el frío en sí el que nos enferma, sino los contrastes bruscos de temperatura que desestabilizan las defensas respiratorias y nos dejan expuestos a los virus que siempre han estado ahí. El verano, con su calor, su movilidad y sus aglomeraciones, crea las condiciones perfectas para que las infecciones respiratorias prosperen, no a pesar del calor, sino junto a él.