Nueve meses después de la muerte de Diane Keaton, su hogar de Sullivan Canyon —transformado con paciencia y Pinterest en el refugio que siempre buscó— regresa al mercado por 22,9 millones de dólares. La casa, que la actriz documentó en un libro y habitó como residencia principal desde 2017, es ahora vendida por sus hijos Dexter y Duke, herederos de un espacio que fue tanto proyecto vital como declaración de identidad. En la venta de una casa late siempre algo más que una transacción: el cierre de un mundo interior hecho ladrillo, luz y tiempo.