Desde los laboratorios del INCAN y el NCI, la capsaicina —el compuesto que da ardor al chile mexicano— emerge como una molécula que desafía la frontera entre alimento y medicina. Los investigadores documentan su capacidad para inducir muerte celular programada en tumores y modular el sistema inmune, aunque la distancia entre el hallazgo experimental y la aplicación clínica sigue siendo considerable. Hoy, su beneficio más sólido sigue siendo el alivio del dolor neuropático en pacientes oncológicos, mientras la ciencia avanza con cautela hacia preguntas más ambiciosas. La misma molécula que prom