Cada verano, Extremadura se convierte en el latido de la industria conservera española: más de cien mil camiones recorren sus carreteras llevando tomates desde el campo hasta las fábricas, en un ritual agroindustrial que este año transcurre con serenidad y buena cosecha. La región procesará 1,8 de los 2,6 millones de toneladas que se transformarán en toda España, consolidando su papel como despensa silenciosa de Europa y, en parte, de Japón. En un mundo donde las cadenas de suministro alimentario son cada vez más frágiles, la normalidad de esta campaña es, en sí misma, una noticia.