En un solo día, los mercados financieros pusieron en entredicho décadas de certeza sobre el valor de los gigantes tecnológicos: las mismas empresas que alguna vez parecían máquinas infalibles de generar riqueza revelaron que sus apuestas por la inteligencia artificial están consumiendo el efectivo que las hacía invulnerables. La caída de casi 890.000 millones de dólares en capitalización bursátil no fue un accidente ni un pánico pasajero, sino el reconocimiento colectivo de que el futuro se está comprando a un precio que aún nadie sabe calcular. Lo que antes era la gran defensa contra las comp