Desde 1782, el águila calva ha encarnado el espíritu de una nación; pero a finales del siglo XX, ese símbolo estuvo a punto de extinguirse bajo el peso del DDT, la caza y la destrucción de su hábitat. Fue una bióloga llamada Tina Morris quien, en los años setenta, eligió la invisibilidad y la paciencia como sus únicas herramientas, criando en secreto a siete polluelos en un refugio de Nueva York para devolver la especie a los cielos. Su trabajo inauguró una era de conservación que culminó en 2007 con la retirada del águila de la lista de especies en peligro, aunque el horizonte sigue cargado d