En la última década, los desechos orbitales se han multiplicado por ocho, convirtiendo el espacio cercano en un espejo de los dilemas que la humanidad enfrenta en la Tierra: el crecimiento sin límites y sus consecuencias no previstas. Investigadores advierten que la contaminación espacial opera como una geoingeniería silenciosa y sin regulación, mientras servicios esenciales como el GPS y las telecomunicaciones quedan expuestos a un riesgo en cadena conocido como Síndrome de Kessler. La industria responde con combustibles más limpios, materiales biodegradables y misiones de limpieza orbital, a