Debemos estar preparados para responder a amenazas que aún no conocemos
Desde los márgenes del bosque hasta las calles de las ciudades, los patógenos encuentran caminos que la humanidad misma ha abierto con la deforestación, la expansión urbana y el cambio climático. Tres de cada cuatro enfermedades infecciosas emergentes nacen en el mundo animal, y España ya siente esa presión cada verano en sus riberas y humedales. Lo que está en juego no es solo la salud pública, sino la forma en que la civilización entiende su relación con los ecosistemas que la sostienen.
- El 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tiene origen animal, y la destrucción de hábitats naturales multiplica los puntos de contacto entre fauna silvestre, ganado y seres humanos.
- Cada verano, Andalucía eleva su alerta ante la fiebre del Nilo Occidental, mientras expertos advierten que las diferencias entre comunidades autónomas debilitan la capacidad de respuesta coordinada en España.
- El concepto de 'enfermedad X' —un patógeno aún desconocido con potencial pandémico— mantiene en guardia a los organismos internacionales, conscientes de que la próxima amenaza podría llegar antes de que los sistemas estén listos.
- La inteligencia artificial y los modelos predictivos abren la puerta a una medicina anticipatoria, capaz de detectar patrones de riesgo antes de que un brote se amplifique más allá del control.
Hace casi un siglo, muchos creyeron que las grandes epidemias eran cosa del pasado. La pandemia de Covid-19, los brotes de ébola, la expansión de la fiebre del Nilo Occidental por Europa y la aparición de virus como el hantavirus han disuelto esa ilusión con contundencia. Las enfermedades emergentes —tanto las completamente nuevas como las conocidas que reaparecen con fuerza— se han convertido en uno de los desafíos sanitarios más serios del siglo XXI.
El doctor José Muñoz, del Hospital Clínic de Barcelona, sitúa la zoonosis en el centro del problema: la mayoría de estas amenazas nacen cuando un patógeno salta desde un animal a un ser humano. La deforestación y el cambio de uso del suelo son el detonante más frecuente. Cuando desaparecen los bosques, los animales se desplazan y entran en contacto con poblaciones humanas o con ganado que actúa como puente. El virus Nipah, surgido en Malasia a finales de los noventa cerca de granjas porcinas colindantes con zonas de murciélagos, es el ejemplo más ilustrativo de ese mecanismo.
El cambio climático agrava el panorama al ampliar el territorio donde prosperan mosquitos y garrapatas. España lo experimenta cada verano en Andalucía, donde la vigilancia contra la fiebre del Nilo Occidental se intensifica ante una enfermedad que, aunque mayoritariamente leve, puede causar daño neurológico severo en algunos pacientes.
La respuesta que proponen los expertos se articula bajo el enfoque Una Sola Salud, que integra la vigilancia humana, animal y ambiental en un único sistema. Maite Martín, presidenta de la plataforma One Health, reconoce avances en España pero señala que las disparidades entre comunidades autónomas siguen siendo un punto débil. La prevención, insiste, exige políticas que conecten salud, medio ambiente y acción climática de forma real y sostenida.
Los organismos internacionales trabajan ya bajo el concepto de 'enfermedad X': un patógeno todavía desconocido con potencial para desencadenar la próxima pandemia. Frente a esa incertidumbre, la inteligencia artificial y los modelos predictivos ofrecen una salida prometedora, permitiendo pasar de una medicina reactiva a una medicina capaz de anticipar riesgos en tiempo real. La pregunta ya no es si aparecerán nuevos patógenos, sino cuándo —y si los sistemas estarán preparados para contenerlos.
Hace casi cien años, muchos creían que las grandes plagas infecciosas pertenecían a la historia. Los últimos años han desmentido esa tranquilidad con una claridad brutal. La pandemia de Covid-19, los brotes recurrentes de ébola en África, la fiebre del Nilo Occidental extendiéndose por Europa, virus desconocidos como el hantavirus saltando a poblaciones humanas: todo esto señala que las enfermedades emergentes son ahora uno de los desafíos sanitarios más serios del siglo XXI.
El doctor José Muñoz, jefe del Servicio de Salud Internacional del Hospital Clínic de Barcelona, define el fenómeno con precisión. Las enfermedades emergentes incluyen patologías completamente nuevas y también infecciones conocidas que reaparecen en lugares donde habían desaparecido o que aumentan su incidencia de forma abrupta. Algunas pasan casi inadvertidas para el público general. Otras tienen la capacidad de desencadenar crisis sanitarias que trascienden fronteras. En las últimas cuatro décadas, los científicos han identificado numerosos patógenos capaces de saltar desde animales a seres humanos, un proceso llamado zoonosis que está en el corazón de la mayoría de las amenazas infecciosas actuales.
La transformación acelerada de los ecosistemas es el motor principal detrás de esta tendencia. La expansión agrícola, la urbanización sin control y la deforestación están modificando el hábitat natural de innumerables especies animales, creando oportunidades sin precedentes para que humanos, animales y microorganismos entren en contacto. Según Muñoz, uno de los saltos más críticos ocurre cuando cambia el uso del suelo y desaparecen bosques. Cuando eso sucede, los animales se desplazan y buscan nuevos territorios, encontrándose con poblaciones humanas o con ganado que puede actuar como hospedador intermedio. El virus Nipah, detectado por primera vez en Malasia a finales de los años noventa, ilustra este mecanismo perfectamente: explotaciones ganaderas ubicadas junto a zonas donde vivían murciélagos comedores de fruta facilitaron la transmisión del virus a los cerdos y de ahí a las personas.
El cambio climático amplifica el problema. El aumento de temperaturas y las alteraciones en los patrones de lluvia están expandiendo geográficamente el alcance de mosquitos, garrapatas y otros vectores de enfermedad. Infecciones que antes estaban confinadas a regiones tropicales específicas ahora encuentran condiciones favorables en nuevas áreas del planeta. España no está ajena a esta realidad. Cada verano, Andalucía intensifica su vigilancia contra la fiebre del Nilo Occidental, una enfermedad transmitida por mosquitos cuyo reservorio natural son las aves. La mayoría de los casos son leves o asintomáticos, pero algunos provocan afectaciones neurológicas graves. Aunque el riesgo general sigue siendo bajo, los expertos consideran esencial mantener sistemas de vigilancia continuada.
La respuesta a este desafío pasa por un enfoque conocido como One Health o Una Sola Salud, que integra la vigilancia de la salud humana, animal y ambiental en un solo sistema. El objetivo es detectar amenazas tempranamente y actuar antes de que los brotes se amplifiquen. Esto incluye seguimiento epidemiológico, control de vectores y, cuando es necesario, fumigación en zonas afectadas. Maite Martín, presidenta de la plataforma One Health y profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, subraya que el 75 por ciento de las enfermedades infecciosas emergentes tiene origen animal. España ha avanzado en esta materia, pero persisten diferencias significativas entre comunidades autónomas que pueden comprometer la capacidad de respuesta. Martín insiste en que la prevención es la esencia del enfoque One Health y exige políticas más integradas que conecten salud, medio ambiente y acción climática.
La rapidez en el diagnóstico representa otro desafío monumental. Identificar un nuevo patógeno puede requerir meses de investigación, especialmente cuando los síntomas iniciales se confunden con enfermedades más comunes. El virus Zika es un ejemplo: cuando comenzó a expandirse por Sudamérica, los especialistas tardaron meses en comprender completamente su comportamiento y sus consecuencias, particularmente la relación con malformaciones congénitas en recién nacidos. La experiencia de la Covid-19 mostró cómo los avances científicos han acelerado la capacidad de respuesta, pero los expertos reconocen que la velocidad de propagación de los brotes sigue superando ocasionalmente la capacidad de contención de los sistemas sanitarios.
Por eso los organismos internacionales trabajan ahora bajo el concepto de enfermedad X, una denominación que hace referencia a un futuro patógeno todavía desconocido pero con potencial para provocar una epidemia o pandemia. Nadie sabe cuál será la próxima enfermedad emergente importante, advierte Muñoz, precisamente por eso debemos estar preparados para responder a amenazas que aún no conocemos. La tecnología ofrece herramientas prometedoras. El análisis masivo de datos, la inteligencia artificial y los modelos predictivos permiten identificar patrones de riesgo y anticipar posibles brotes con precisión creciente. En el Hospital Clínic de Barcelona ya se desarrollan iniciativas como el proyecto Famba, orientadas a personalizar recomendaciones preventivas según destino, época del año y características individuales de cada viajero. La salud digital y la inteligencia artificial permitirán pasar de una medicina reactiva a una medicina predictiva, capaz de alertar a las personas sobre riesgos concretos en tiempo real. Los especialistas coinciden en que el mundo afrontará nuevas emergencias sanitarias en las próximas décadas. La cuestión no es si aparecerán nuevos patógenos, sino cuándo. Ante este escenario, la combinación de vigilancia epidemiológica, cooperación internacional, protección ambiental y nuevas tecnologías se perfila como la mejor estrategia para reducir el impacto de futuras epidemias.
Notable Quotes
Uno de los saltos más importantes para que un patógeno pase del animal al ser humano es el cambio en el uso del suelo y la deforestación— Doctor José Muñoz, Hospital Clínic de Barcelona
La preparación frente a las enfermedades infecciosas emergentes debe comenzar mucho antes de que aparezcan los primeros casos— Maite Martín, presidenta de la plataforma One Health
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué ahora? ¿Qué cambió en los últimos treinta años para que estas enfermedades se vuelvan tan frecuentes?
No cambió el virus. Cambió el mundo. Cortamos bosques, construimos ciudades donde había selva, movemos animales y personas a velocidades que antes eran imposibles. Cada vez que un bosque desaparece, los animales que vivían allí tienen que ir a algún lado. A menudo ese lado es donde vivimos nosotros.
Pero el ébola existe desde hace décadas. ¿Por qué es ahora una amenaza emergente?
Porque ahora se propaga más rápido y llega a más lugares. El cambio climático expande el territorio donde los mosquitos y garrapatas pueden vivir. Una enfermedad que antes estaba confinada a una región tropical ahora encuentra condiciones favorables en nuevas áreas. Es como si le diéramos a los patógenos un mapa más grande para conquistar.
Entonces la solución es simple: proteger los bosques, frenar la urbanización.
Es parte de la solución, sí. Pero también necesitamos vigilancia. Necesitamos saber qué está circulando en las aves, en el ganado, en las personas. Necesitamos sistemas que hablen entre sí. Un veterinario en Andalucía debe saber lo que un epidemiólogo en Barcelona está viendo. Eso es One Health.
¿Y la inteligencia artificial? ¿Realmente puede predecir la próxima pandemia?
Puede ayudarnos a ver patrones que los humanos no vemos. Puede alertarnos sobre riesgos antes de que se conviertan en crisis. Pero no es magia. Es una herramienta. Lo que realmente importa es que estemos preparados, que tengamos sistemas de respuesta rápida, que cooperemos internacionalmente.
¿Cuál es el peor escenario?
Un patógeno nuevo, altamente transmisible, que tarda meses en ser identificado. Mientras tanto, se propaga. Eso es lo que los expertos llaman enfermedad X. No sabemos qué es, pero sabemos que vendrá. Por eso debemos estar listos ahora.