Desde los márgenes de la ciencia ficción y la ingeniería visionaria, el proyecto Freedom Ship regresa al debate público con una promesa tan antigua como la relación del ser humano con el mar: habitar el océano de forma permanente. Una megaestructura de 1,6 kilómetros de eslora, propulsada por energía nuclear y capaz de albergar a 50.000 personas, representa no solo un desafío técnico de proporciones colosales, sino una pregunta filosófica sobre los límites de la civilización y su capacidad de reinventarse fuera de la tierra firme. Después de tres décadas de planos y promesas, sus promotores as