En la política peruana, la frontera entre lo privado y lo público se vuelve a trazar cuando una mandataria se ve obligada a confirmar un encuentro discreto tras la revelación de un semanario. Keiko Fujimori reconoció haber visitado el spa Tomiko el 11 de julio junto al empresario argentino Damian Valenzuela, a quien describió como asesor ad honorem, convirtiendo así un momento de silencio en una declaración pública. El episodio recuerda que en la era de la información, la discreción de los poderosos tiene una vida útil cada vez más corta.