En un país profundamente dividido, Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú el miércoles con un mandato que se extenderá hasta 2031, portando la promesa de restaurar el orden mediante la fuerza militar en las zonas más azotadas por la violencia. Su victoria por menos de 50.000 votos sobre el izquierdista Roberto Sánchez revela una nación en tensión entre visiones opuestas de sí misma. Con un gabinete de derecha, alianzas regionales con líderes afines y una sintonía declarada con la administración Trump, Fujimori inaugura no solo un gobierno, sino una reorientación del lugar que Perú busca