Kanzi levanta el brazo y señala la taza correcta, desafiando una frontera profunda
Kanzi identificó correctamente tazas con zumo ficticio en experimentos, mostrando comprensión de simulación sin confundirla con la realidad. La investigación sugiere que esta capacidad cognitiva podría remontarse al ancestro común compartido entre humanos y simios hace millones de años.
- Kanzi, bonobo de 43 años, identificó correctamente tazas con zumo ficticio en experimentos
- Estudio publicado en Science sugiere capacidad cognitiva remonta a ancestro común hace 6-9 millones de años
- Kanzi fue entrenado con lexigramas y aprendió a entender inglés estadounidense de forma natural
- Falleció en 2025, dejando legado sobre cognición de primates
Un estudio publicado en Science revela que Kanzi, un bonobo de 43 años, puede seguir el rastro de objetos imaginarios como zumos y uvas, demostrando que la capacidad de imaginar no es exclusivamente humana.
Christopher Krupenye, profesor de la Universidad Johns Hopkins, se sienta frente a una mesa baja con dos tazas transparentes y una jarra vacía. Su compañero de experimento es Kanzi, un bonobo de 43 años. Lo que sucede a continuación parece un juego de té infantil, pero sin té. Krupenye inclina la jarra sobre una taza, luego sobre la otra, vertiendo nada. Vacía una de ellas con un gesto exagerado, agitándola para asegurarse de que ni una gota imaginaria permanezca adentro. Luego pregunta: "¿Dónde está el zumo?". Kanzi levanta el brazo y señala la taza correcta. En ese gesto simple reside el corazón de un descubrimiento que desafía una de las fronteras más profundas de la psicología comparada: la capacidad de imaginar.
El estudio, publicado esta semana en la revista Science, presenta la primera evidencia experimental de que un primate no humano puede generar lo que los científicos llaman representaciones secundarias, un tipo de pensamiento que permite mantener en la mente un estado imaginario sin confundirlo con la realidad. Amalia Bastos, coautora de la investigación y docente en la Universidad de St. Andrews en Escocia, explica que aunque había indicios en otras especies, nunca se había contado con pruebas empíricas sólidas de que fueran capaces de comprender la simulación de esta manera.
La idea surgió de un encuentro casual. Cuando Bastos conoció a Kanzi por primera vez en 2023, el bonobo le pidió que ella y Krupenye se persiguieran e hicieran cosquillas, aunque no estuvieran realmente haciéndolo. Esa interacción llevó a la investigadora a preguntarse si Kanzi disfrutaba genuinamente del juego de la simulación. Antes de comenzar los experimentos formales, el equipo verificó que el bonobo pudiera distinguir entre tazas con zumo real y recipientes vacíos. En 18 ensayos consecutivos, eligió correctamente el zumo en el 77 por ciento de las ocasiones.
Los experimentos se realizaron en Ape Initiative, un centro de investigación en Iowa dedicado a la conservación de los simios. Kanzi interactuó con tazas y pocillos que contenían uvas imaginarias. Bastos subraya un matiz crucial: el bonobo no estaba fingiendo. "Lo que mostramos es que comprendía la simulación, que es distinto", precisa. Dentro del contexto fingido que Krupenye creaba, Kanzi entendía exactamente lo que estaba ocurriendo. El modelo experimental tiene raíces en la psicología del desarrollo. A finales de los años ochenta, el investigador escocés Alan M. Leslie diseñó un experimento clásico que requería solo el gesto de señalar, prescindiendo del lenguaje complejo. Con él demostró que los niños de dos años pueden manejar representaciones secundarias. Krupenye y Bastos tomaron ese paradigma humano y lo adaptaron para un bonobo incapaz de verbalizar.
La capacidad de sostener en la mente un mundo que no existe es el fundamento de habilidades que consideramos exclusivamente humanas: imaginar futuros posibles, atribuir creencias a otros, explorar alternativas que nunca podrían suceder simultáneamente. Miquel Llorente, profesor de primatología en la Universidad de Girona, considera el experimento impresionante pero advierte que debería comprobarse si otros ejemplares pueden hacer lo mismo. "Habría que replicar el estudio, pasar de un único individuo a otros, para poder aislar variables", subraya.
Si un bonobo puede imaginar, aunque sea en un entorno guiado, la raíz de estas capacidades podría remontarse al último ancestro común compartido entre humanos y simios, hace entre seis y nueve millones de años. Krupenye enfatiza que el hecho de que Kanzi no mostrara frustración al no ser recompensado tras señalar objetos imaginarios es evidencia adicional de que comprendía que no había un objeto real en el recipiente que señalaba. Kanzi fue entrenado durante décadas para comunicarse mediante lexigramas, una metodología que permite a los primates pulsar botones e indicar imágenes para expresarse. Aprendió de manera natural a entender el inglés estadounidense mientras acompañaba a su madre adoptiva Matata a experimentos en el Centro Nacional de Investigación de Primates Emory en Atlanta. Falleció en 2025, dejando un legado profundo sobre la cognición de los primates.
Durante años se han acumulado observaciones anecdóticas de chimpancés y bonobos interactuando con objetos imaginarios. Las investigaciones de Richard W. Wrangham, profesor en la Universidad de Harvard, documentaron comportamientos fascinantes en la comunidad de chimpancés juveniles de Kanyawara en Uganda que manipulaban piedras y palos sin un fin práctico, sino lúdico y simbólico. Llorente señala que sería interesante continuar realizando estudios como este para determinar si los simios pueden generar simulación propia más allá de la comprensión de la simulación humana. Antonio J. Osuna Mascaró, investigador posdoctoral en el Messerli Research Institute de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, sostiene que este trabajo ilustra las dificultades inherentes a analizar la imaginación en otros seres vivos. El reto, a medida que nos alejamos de nuestra propia especie, es diseñar experimentos adaptados que permitan evaluar sin recurrir a marcos tan antropocéntricos. "Necesitaremos diseños que se alejen de la facilidad de preguntar dónde está el zumo", indica.
Citações Notáveis
Lo que mostramos es que comprendía la simulación, que es distinto— Amalia Bastos, coautora del estudio
Sabíamos que sería el participante ideal porque podía responder al inglés hablado y seguir objetos imaginarios como un niño pequeño. Aun así, no daba por hecho que tendría éxito y me sorprendió— Christopher Krupenye, profesor de Johns Hopkins
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué importa que un bonobo pueda imaginar un zumo que no existe?
Porque durante siglos hemos creído que la imaginación era lo que nos hacía únicamente humanos. Si Kanzi puede mantener en su mente algo que no está ahí, sin confundirlo con la realidad, entonces esa frontera que creíamos tan clara se vuelve borrosa.
Pero ¿cómo saben que realmente está imaginando y no solo siguiendo instrucciones?
Esa es la pregunta correcta. Lo que los científicos observaron fue que Kanzi no mostraba frustración cuando señalaba un objeto imaginario y no recibía recompensa. Si solo estuviera siguiendo órdenes, habría esperado algo a cambio. Su comprensión de que el recipiente estaba vacío sugiere que entendía el juego.
¿Qué nos dice esto sobre nuestra propia evolución?
Que hace entre seis y nueve millones de años, cuando compartimos un ancestro común con los bonobos, esa capacidad ya estaba germinando. No es que la hayamos inventado de la nada. La heredamos y la amplificamos, especialmente con el lenguaje.
¿Por qué Kanzi y no otro bonobo?
Porque Kanzi fue entrenado durante décadas para comunicarse con símbolos y entender el inglés hablado. Era lingüístico en formas que otros bonobos no lo son. Pero eso también es una limitación: no sabemos si otros bonobos podrían hacer lo mismo.
¿Qué falta entonces?
Replicación. Necesitan probar esto con otros individuos para saber si es una capacidad generalizada o si Kanzi era un caso excepcional. Y también necesitan diseños experimentales que no dependan tanto de nuestras propias formas de pensar.