En los márgenes donde la ley aún no ha aprendido a mirar, la abogada Dulce Penélope León construye una tesis doctoral que propone lo que muchos sistemas judiciales se niegan a admitir: que el daño invisible también deja huella, y que esa huella puede medirse. Su investigación sostiene que la manipulación psicológica sostenida altera la química del cuerpo de formas que la medicina puede documentar, convirtiendo lo que antes era testimonio en evidencia. Es un intento de cerrar la brecha entre el sufrimiento que no se ve y la justicia que exige pruebas.
Jurista denuncia que la manipulación mental es tortura psicológica que altera la química cerebral
Víctimas de manipulación mental y pseudoterapias sufren ansiedad, depresión y daño psicológico prolongado, frecuentemente sin reconocer su condición de víctimas.