Ninguna de las dos opciones es cómoda dentro de la narrativa de desinflación
Cuando los precios del petróleo escalan por tensiones en Medio Oriente, Argentina descubre que la misma riqueza que la eleva como exportadora puede convertirse en una trampa doméstica. JP Morgan advierte que si el Brent se sostiene en niveles elevados, el Gobierno de Milei deberá elegir entre permitir que la inflación se cuele por los surtidores o sostener artificialmente los precios a costa del equilibrio fiscal. Es el viejo dilema de las economías que producen lo que también consumen: la abundancia exterior no siempre se traduce en alivio interior.
- Los precios del petróleo alcanzaron su nivel más alto en tres años y medio, sacudiendo los mercados globales y poniendo a prueba el frágil equilibrio económico argentino.
- YPF enfrenta una compresión creciente de márgenes si la brecha entre los costos internacionales del crudo y los precios locales en los surtidores continúa ensanchándose.
- El Gobierno queda atrapado entre dos salidas igualmente costosas: trasladar el aumento a los consumidores y avivar la inflación, o absorber el costo cuasifiscal y traicionar su promesa de equilibrio.
- Horacio Marín intentó calmar la incertidumbre prometiendo ajustes graduales mediante un sistema de micropricing, pero los analistas advierten que esa estrategia podría ser insuficiente ante una volatilidad prolongada.
- Argentina, paradójicamente, es hoy uno de los ganadores relativos de la región gracias a Vaca Muerta, pero ese mismo rol exportador la expone a tensiones internas que amenazan su plan de desinflación.
El lunes pasado, los precios del petróleo tocaron su nivel más alto en tres años y medio, empujados por la escalada de tensiones en Medio Oriente. El movimiento agitó los mercados globales y volvió a poner bajo la lupa el lugar que Argentina ocupa en el nuevo mapa energético mundial.
JP Morgan publicó ese mismo día un análisis señalando que Argentina emerge como uno de los ganadores relativos de la región. Gracias al crecimiento de Vaca Muerta, el país pasó de ser importador neto de energía a registrar superávits comerciales, y el petróleo del Atlántico podría incluso captar una prima si compradores asiáticos buscan alternativas al suministro del Golfo Pérsico.
Sin embargo, el banco advirtió que este beneficio exterior convive con un riesgo doméstico considerable. Si el Brent se sostiene en torno a los 95 o 100 dólares por barril durante varios meses, la brecha entre los costos internacionales y los precios locales podría ensancharse hasta un punto donde YPF ya no pueda absorber la presión sin deteriorar seriamente su balance.
Eso colocaría al Gobierno frente a un dilema sin salida cómoda: permitir un ajuste en los precios de los combustibles —con impacto directo en la inflación— o sostenerlos artificialmente bajos a costa del equilibrio fiscal. Ninguna opción es compatible con la narrativa de desinflación que el programa económico ha construido con tanto cuidado.
Horacio Marín, presidente de YPF, salió a las redes sociales a llevar calma, prometiendo que no habrá cambios abruptos y que la empresa aplicará un sistema de micropricing para seguir la evolución internacional de forma gradual. Pero las advertencias de JP Morgan sugieren que, si la volatilidad persiste, esa estrategia de ajuste pausado podría no alcanzar.
El lunes pasado, los precios del petróleo alcanzaron su nivel más alto en tres años y medio, impulsados por la escalada de tensiones en Medio Oriente. El movimiento sacudió los mercados financieros globales, incluyendo los activos argentinos, y volvió a colocar bajo escrutinio el delicado equilibrio entre los beneficios de ser exportador de energía y los riesgos que un shock externo de esta magnitud representa para la economía local.
JP Morgan Chase publicó un análisis el mismo lunes señalando que Argentina emerge como uno de los ganadores relativos en la región gracias al crecimiento de su producción de petróleo no convencional en Vaca Muerta. El banco explicó que cuando suben los precios internacionales del crudo, mejoran los términos de intercambio para países exportadores de energía como Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador. En el caso argentino específicamente, las exportaciones desde la cuenca neuquina no sufren impacto físico directo por la situación en el Estrecho de Ormuz, y el petróleo del Atlántico podría incluso obtener una prima en mercados internacionales si compradores asiáticos buscan alternativas al suministro del Golfo Pérsico.
Esta es una posición radicalmente distinta a la que Argentina ocupaba hace apenas dos años. El país pasó de ser importador neto de energía a registrar superávits comerciales impulsados precisamente por el crecimiento de Vaca Muerta y el aumento de exportaciones petroleras. Sin embargo, JP Morgan advirtió que este efecto positivo podría coexistir con un desafío considerable para la política económica si los precios internacionales se mantienen elevados durante varios meses consecutivos.
El problema radicaría en el mercado doméstico de combustibles. Cuando los precios internacionales del petróleo suben más rápido que lo que se traslada a los surtidores locales, la brecha se amplía y comprime los márgenes de las petroleras. YPF, que concentra la mayor parte del mercado de naftas y gasoil en Argentina, actuaría como referencia para el resto del mercado local, por lo que sería la primera en sentir esta presión. El banco estimó que si el Brent se mantuviera alrededor de 95 a 100 dólares por barril durante varios meses, la brecha entre los costos internacionales de productos refinados y los precios domésticos podría ampliarse hasta un punto donde YPF ya no pudiera absorber la compresión de márgenes sin un deterioro significativo de su balance.
Este escenario colocaría al Gobierno frente a un dilema incómodo sin salida cómoda. Podría permitir un ajuste relevante en los precios de los combustibles, lo que tendría impacto directo en la inflación justo cuando el programa económico busca consolidar la desaceleración de precios. O podría absorber el costo cuasifiscal de mantener los combustibles artificialmente bajos, lo que chocaría con el compromiso oficial de mantener el equilibrio fiscal. Ninguna de las dos opciones es compatible con la narrativa de desinflación que el Gobierno ha construido.
Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, intentó llevar calma a través de redes sociales. Afirmó que la empresa no generaría cambios abruptos en los precios de los combustibles y que aplicaría una estrategia de micropricing para seguir la evolución de los precios internacionales de manera gradual. Explicó que mediante un sistema de moving average podrían atenuar picos de aumentos y bajas, dando mayor previsibilidad a los consumidores. Sin embargo, las advertencias de JP Morgan sugieren que esta estrategia de ajuste gradual podría no ser suficiente si la volatilidad internacional persiste.
Citas Notables
YPF no va a generar cimbronazos en los precios de los combustibles. Somos prudentes y estamos honrando nuestro compromiso honesto con los consumidores— Horacio Marín, presidente y CEO de YPF
Si el Brent se mantiene en torno a US$95-100 por barril durante varios meses, la brecha entre los costos internacionales de los productos refinados y los precios domésticos podría ampliarse hasta un punto en el que YPF ya no pueda absorber la compresión de márgenes sin un deterioro significativo de su balance— JP Morgan Chase
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué Argentina se beneficia cuando sube el petróleo si la mayoría de los países sufre con eso?
Porque Argentina produce petróleo en Vaca Muerta y lo exporta. Cuando el precio internacional sube, gana más dinero por cada barril que vende. Hace dos años éramos importadores netos; ahora somos exportadores.
Entonces, ¿cuál es el problema que JP Morgan está señalando?
El problema no está en las exportaciones. Está en lo que pasa adentro del país. Si el petróleo caro se mantiene, la brecha entre lo que cuesta el crudo internacionalmente y lo que se cobra en los surtidores locales se hace insostenible.
¿Y eso afecta a YPF específicamente?
Sí. YPF es la que vende la mayoría de los combustibles en Argentina. Si no puede trasladar completamente el aumento de costos a los precios de las naftas, sus márgenes se comprimen. Es como estar atrapada entre dos fuegos.
¿Qué opciones tiene el Gobierno?
Dos, y ambas son malas. Puede permitir que suban los precios de los combustibles, pero eso alimenta la inflación que está intentando bajar. O puede subsidiar artificialmente los precios, pero eso cuesta dinero fiscal que dice que no tiene.
¿Entonces Milei está en problemas si el petróleo se mantiene caro?
Depende de cuánto tiempo se mantenga así. Si es un pico corto, YPF lo absorbe. Pero si es varios meses a 95 o 100 dólares el barril, sí, enfrenta un dilema sin solución cómoda.
¿Qué está haciendo YPF para evitar esto?
Su CEO dice que aplicarán ajustes graduales mediante micropricing, analizando los precios día a día. Pero eso es un parche. Si la brecha es muy grande, no hay estrategia de ajuste gradual que lo resuelva.