La confianza tardas en ganarla y puedes perderla en un minuto
La fusión crea un equipo de 600 personas dedicadas a mercados privados con capacidades multiplicadas, aunque Molina reconoce la nostalgia de vender lo construido en 23 años. AltamarCAM aporta 20.000 millones en activos y experiencia en ejecución, mientras Mercer proporciona distribución global y estructura corporativa de multinacional estadounidense.
- AltamarCAM aporta 20.000 millones de euros en activos a la fusión con Mercer
- Equipo de 600 personas dedicadas a mercados privados tras la integración
- José Luis Molina fundó AltamarCAM hace 23 años junto a Claudio Aguirre en 2004
- La operación se cierra en el segundo semestre tras obtener autorizaciones regulatorias
José Luis Molina, CEO de AltamarCAM, explica la integración en Mercer como una operación que multiplica capacidades en mercados privados, combinando 20.000 millones de euros en activos con la distribución global de la multinacional.
José Luis Molina fundó AltamarCAM hace 23 años con una idea clara: construir una gestora de activos en mercados privados que funcionara con disciplina, excelencia y una cultura de preservación del capital ajeno. Ahora, a los 59 años, vende esa empresa a Mercer, la multinacional estadounidense filial de Marsh, en una operación que cierra en el segundo semestre tras obtener todas las autorizaciones regulatorias. La nostalgia es inevitable. "Es como vender tu primera casa, aunque lo haces con una racionalidad", dice desde la sede madrileña en Paseo de la Castellana.
La combinación de AltamarCAM y Mercer crea algo que Molina describe con una fórmula matemática poco convencional: dos más dos son veintidós. La gestora española aporta 20.000 millones de euros en activos bajo gestión y una experiencia de ejecución forjada en dos décadas de trabajo en mercados privados. Mercer trae su capacidad de distribución global y la estructura de una multinacional. Juntas, formarán un equipo de aproximadamente 600 personas dedicadas exclusivamente a esta área, con Molina al frente de la estrategia de mercados privados dentro del grupo Marsh. No fue una venta al mejor postor. Mercer se acercó durante años, visitando las oficinas, queriendo conocer la operación, pero Molina inicialmente no los veía como candidatos ideales. Desconocía bien su propia transformación como empresa. Solo después de meses de contactos para garantizar que el proyecto no solo se mantendría sino que se potenciaría, llegaron al acuerdo.
La trayectoria de Molina explica por qué construyó AltamarCAM como la construyó. Estudió Ciencias Económicas en Madrid, trabajó en Crédit Lyonnais en fusiones y adquisiciones durante la España de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla en 1992, cuando la actividad se detuvo en seco por la crisis y las devaluaciones de la peseta. Se fue a Columbia para hacer un MBA, donde descubrió que la preparación académica era solo una parte: las habilidades sociales, la oratoria, la presentación personal importaban tanto como el conocimiento. Luego llegó Lehman Brothers en Nueva York, donde pasó un verano que describe como "una cura de humildad". La disciplina era increíble, la exigencia era increíble, la tolerancia al fallo era cero. Vio salidas a bolsa de AOL y Netscape en 1995, cuando casi nadie sabía qué era internet. Se mudó a Londres en 1997 cumpliendo 30 años y entró en el grupo de Private Equity de Lehman, donde aprendió que invertir dinero ajeno requiere intuición, estómago, y una obsesión constante por anticipar qué puede salir mal.
Claudio Aguirre, cofundador de AltamarCAM, llegó a la vida de Molina de una manera que revela algo sobre su carácter. En un aeropuerto, Molina vio a un pasajero que llegaba justo después de él quedarse sin asiento para Londres. Sin dudarlo, preguntó en la ventanilla si podían cambiarle el vuelo a Dublín para cederle su tarjeta de embarque. Ese pasajero era Aguirre, quien años después le propuso crear Altamar. Molina estaba soltero, pensó que era el momento de volver a España, fundaron la gestora, se casó y formó una familia. Los primeros años fueron duros: sin sueldo, financiando todas las inversiones. Pero ganaron la confianza de los clientes. Partiendo de cero, alcanzaron aproximadamente 1.000 millones en los primeros siete años, luego crecieron de 1.000 a 8.000 millones en los siguientes siete u ocho años. Ampliaron su oferta de productos, se fueron a Latinoamérica, integraron la alemana CAM Alternatives en 2021. Ahora tienen oficinas en Madrid, Colonia, Barcelona, Nueva York, Santiago de Chile, Londres y Munich.
La estructura interna de AltamarCAM fue clave para ese crecimiento. Molina otorgó el mismo peso jerárquico a tres pilares: captación de fondos, inversión, y operaciones (tecnología, cumplimiento normativo, control de riesgos). No buscaba estrellas sino esfuerzo colectivo. La cultura de la firma rechaza las frivolidades. Para Molina y su equipo, lo importante no es cuánto ganaron sino cuánto preservaron del capital ajeno y qué aprendieron de los errores. "La confianza tardas en ganarla y puedes perderla en un minuto", resume. En julio de 2023, Permira, la gestora británica de private equity, compró el 40% de AltamarCAM. Ahora Molina vende el resto a Mercer, aunque reconoce que reportará a un comité ejecutivo y a un responsable global de mercados privados, una estructura corporativa muy diferente a la de reportar solo al Consejo. Mick Dempsey, presidente global de Inversiones y Jubilación de Mercer, celebra la operación: AltamarCAM ha construido una plataforma diferenciada, su experiencia en secundarios y cuentas segregadas encaja estratégicamente con lo que los clientes demandan. La integración creará capacidades de primer nivel mundial en mercados privados.
Citações Notáveis
Ha sido una operación desde la responsabilidad y para continuar el legado, para que perdure lo que hemos construido— José Luis Molina, CEO de AltamarCAM
AltamarCAM ha construido una plataforma verdaderamente diferenciada; su experiencia en secundarios y cuentas segregadas encaja estratégicamente de forma excelente con las capacidades que nuestros clientes están demandando— Mick Dempsey, presidente global de Inversiones y Jubilación de Mercer
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué describe la venta como "vender tu primera casa" si matemáticamente dice que dos más dos son veintidós?
Porque la nostalgia y la racionalidad no son lo mismo. Construiste algo desde cero durante 23 años, lo viviste, lo respiraste. Que sea la decisión correcta no elimina el sentimiento de dejar ir lo que creaste.
¿Qué cambió en su percepción de Mercer entre los primeros contactos y el acuerdo final?
Al principio no los conocía bien, no entendía su propia transformación como empresa. Pasaron meses de conversaciones para que ambos nos entendiéramos realmente. Solo cuando estuvo seguro de que el proyecto se potenciaría, no solo se mantendría, llegó el acuerdo.
La estructura interna de AltamarCAM parece muy diferente a la que tendrá dentro de Mercer. ¿Cómo se adapta a reportar a un comité ejecutivo?
Es un cambio real. Antes reportaba solo al Consejo. Ahora hay más capas, más estructura corporativa. Pero eso es parte del trato: acceso a distribución global que no tenías solo. El precio es perder cierta autonomía.
¿Qué aprendió de Lehman Brothers que aplicó en AltamarCAM?
La obsesión por la excelencia, la tolerancia cero al error, la disciplina. Pero también aprendí que eso puede ser frío. En AltamarCAM busqué lo mismo pero con énfasis en el trabajo en equipo, no en estrellas individuales. Y siempre con la mentalidad de que el dinero es de terceros.
¿El gesto de ceder su asiento a Aguirre en el aeropuerto fue casualidad o refleja algo sobre cómo construyó la empresa?
Refleja algo. No buscaba reconocimiento, simplemente vi a alguien en una situación difícil y actué. Eso es parte de la cultura que intenté crear: generosidad, meritocracia, valorar el esfuerzo colectivo sobre el ego individual.