En Wall Street, la confianza en Apple se erosiona con una lentitud que recuerda a las mareas: Jefferies ha rebajado su calificación de la empresa a 'por debajo de la media', sumándose a un coro de escepticismo que no se escuchaba con tanta fuerza desde 2012. El corazón del problema es antiguo y universal —la dificultad de sostener la innovación como justificación del precio— y Apple, otrora símbolo indiscutible del progreso tecnológico, enfrenta ahora la pregunta que toda empresa madura debe responder: ¿qué viene después del asombro?