En las salinas de Bonneville, donde el horizonte se disuelve en sal y silencio, la empresa británica JCB llevó un vehículo impulsado por hidrógeno a 653 kilómetros por hora, más del doble del récord mundial anterior para esta tecnología. El Hydromax no es solo una hazaña de velocidad: es una declaración filosófica sobre el futuro de la combustión, una apuesta de que el hidrógeno puede arder —no solo fluir en pilas eléctricas— para mover la maquinaria pesada del mundo. En un momento en que la industria busca caminos hacia la descarbonización, JCB eligió el más dramático para demostrar que su te