Cambiar al jefe de Gabinete sería simplemente crear otro problema
Javier Milei regresó a Buenos Aires desde Hungría para encontrarse con un escenario político doméstico agitado por rumores de cambios en su gabinete y las secuelas del caso Libra. En ese contexto, el presidente optó por la demostración pública de unidad, respaldando visiblemente a su jefe de Gabinete Manuel Adorni mientras su gobierno se prepara para una semana legislativa cargada de decisiones trascendentes. La política, como siempre, exige que el poder se afirme no solo con hechos sino con gestos que convenzan a propios y ajenos de que el timón no ha cambiado de manos.
- Los rumores sobre la salida de Adorni no ceden a pesar del respaldo explícito de Milei, y los nombres de posibles reemplazos siguen circulando en los pasillos del poder.
- El caso Libra y la inestabilidad percibida en el Ejecutivo generaron una narrativa de crisis que el gobierno necesita desactivar antes de que se consolide en la opinión pública.
- Desde el entorno de Karina Milei hasta el asesor Santiago Caputo, la defensa de Adorni es unánime y sin fisuras visibles, lo que sugiere una estrategia coordinada de contención.
- La mesa política nacional, liderada por Adorni, retomó su ritmo y apunta a negociar una agenda legislativa ambiciosa que incluye glaciares, propiedad privada, discapacidad y el nuevo Código Penal.
- Con una semana acortada por feriados, el gobierno tiene poco margen para transformar el ruido político en avances concretos que reorienten la atención pública.
Javier Milei aterrizó en Buenos Aires el domingo por la mañana tras su paso por Hungría, donde participó en la CPAC y se reunió con autoridades locales. Lo que encontró al regresar era un clima político enrarecido: los ecos del caso Libra y los persistentes rumores sobre la posible salida de Manuel Adorni como jefe de Gabinete habían ocupado el espacio que el gobierno prefería reservar para su agenda de reformas.
La respuesta de Milei fue directa y simbólica a la vez: respaldar públicamente a Adorni e integrarlo a actos oficiales para proyectar una imagen de cohesión interna. Sin embargo, los rumores no se disiparon. En los pasillos del poder se barajaban nombres como Diego Santilli, Sandra Pettovello e incluso Karina Milei como posibles sucesores. Desde todos los sectores del Ejecutivo, la respuesta fue la misma: Adorni no se va, el tema es menor, reemplazarlo solo crearía un problema nuevo.
Lo llamativo fue la unanimidad de esa defensa. No hubo fisuras públicas ni disidencia visible, lo que sugiere que la contención de la interna fue deliberada y coordinada. Mientras tanto, Adorni encabezó una nueva reunión de la mesa política nacional, el mecanismo que el gobierno había diseñado para mejorar la coordinación con el Congreso y que, tras varios intentos, parece haber encontrado su funcionamiento.
La agenda legislativa que se abre es densa: la ley de Glaciares, con más de cien mil inscriptos para una audiencia pública, un paquete sobre propiedad privada, cambios en las normas de discapacidad y financiamiento universitario, y el nuevo Código Penal. Todo eso en una semana acortada por feriados. La pregunta que el gobierno deberá responder con hechos es si ese calendario alcanza para desplazar el ruido político y demostrar que el rumbo sigue siendo el que Milei prometió.
El presidente Javier Milei tocó tierra en Buenos Aires el domingo por la mañana después de pasar días en Hungría, donde se reunió con autoridades locales y pronunció un discurso en la CPAC. Regresaba a un país donde su gobierno enfrentaba turbulencias políticas que amenazaban con desbordar la narrativa oficial de estabilidad y control.
La semana que se abría era corta pero decisiva. El lunes sería no laborable, el martes feriado por el 24 de marzo, así que el verdadero trabajo legislativo comenzaría el miércoles. Pero antes de eso, Milei necesitaba recuperar terreno perdido. Los últimos días habían estado dominados por dos cosas: las revelaciones del caso Libra y los rumores persistentes sobre la posible salida de Manuel Adorni, su jefe de Gabinete. El mandatario había respondido a la crisis de la única manera que sabía: saliendo públicamente a respaldar a Adorni, invitándolo a actos oficiales, intentando proyectar una imagen de unidad inquebrantable.
Pero los rumores no desaparecían. En los pasillos del poder circulaban nombres de posibles reemplazos: Diego Santilli, ministro de Interior; Sandra Pettovello, titular de Capital Humano; incluso Karina Milei, la secretaria general y hermana del presidente. Cada nombre generaba especulación, cada especulación alimentaba la sensación de que algo se movía bajo la superficie. Sin embargo, cuando se hablaba con gente cercana al círculo íntimo presidencial, la respuesta era siempre la misma: absurdo. Adorni no se iba. Ya había pedido disculpas. El tema era menor. Cambiar al jefe de Gabinete sería simplemente crear otro problema donde no lo había.
Lo notable era la unanimidad. En todos los niveles del Ejecutivo, desde el entorno de Karina Milei hasta el asesor presidencial Santiago Caputo, la defensa de Adorni era cerrada. No había fisuras públicas, no había disidencia visible. Cuando la interna había amenazado con abrirse días atrás, rápidamente fue contenida. La idea de que Karina asumiera como jefa de Gabinete era descartada sin contemplaciones: tenía demasiadas otras responsabilidades. Pettovello estaba concentrada en su ministerio. Santilli, aunque técnicamente seguía afiliado al PRO, ya era considerado parte de La Libertad Avanza, aunque su futuro político seguía siendo materia de debate.
Mientras Milei se preparaba para retomar el control de la agenda, Adorni había encabezado una nueva reunión de la mesa política nacional, el órgano que el gobierno había creado meses atrás para mejorar la coordinación estratégica y las negociaciones parlamentarias. Después de varios intentos fallidos con esquemas diferentes, esta estructura parecía haber encontrado su ritmo, permitiendo que el oficialismo presentara posturas más unificadas frente al Congreso.
Lo que venía era ambicioso. La Libertad Avanza buscaba aprobar la ley de Glaciares, para la cual ya había más de cien mil personas inscriptas para participar en una audiencia pública esa misma semana. También estaban en la agenda un paquete de medidas sobre propiedad privada, modificaciones a las normas de discapacidad y de financiamiento universitario, y el nuevo Código Penal. Era un calendario legislativo denso, el tipo de agenda que requería disciplina interna, votos seguros, y una narrativa clara sobre hacia dónde iba el gobierno.
Milei había regresado con la tarea de demostrar que los rumores eran ruido, que su gobierno seguía funcionando, que la mesa política estaba alineada, y que había legislación importante para aprobar. La pregunta que quedaba flotando era si una semana corta sería suficiente para limpiar el desorden político y reorientar la atención pública hacia los temas que el gobierno quería que importaran.
Citas Notables
Es absurdo todo lo que se dice. Primero, nadie está pensando en que se vaya, él ya pidió disculpas y es un tema menor.— Persona cercana al círculo presidencial
El Colo es violeta, olvidate. Puede ser que siga afiliado al macrismo, pero ya es nuestro.— Funcionario de Balcarce 50 sobre Diego Santilli
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué Milei salió tan rápido a defender públicamente a Adorni en lugar de simplemente dejar que las cosas se calmaran?
Porque en política, el silencio se interpreta como debilidad. Si el presidente no hubiera salido a respaldar a su jefe de Gabinete, cada día de silencio habría sido un día en el que los rumores ganaban más peso. La defensa pública es una forma de establecer que la decisión ya está tomada, que no hay negociación.
Pero eso también significa que si Adorni se va después, Milei queda expuesto como alguien que mintió.
Exacto. Por eso todos en el gobierno están tan enfáticos en negar que se vaya. No es solo que crean que debe quedarse; es que ya se comprometieron públicamente. Cambiar de posición ahora sería admitir que perdieron el control.
¿Y esos nombres alternativos que circulaban? ¿Realmente eran opciones reales o solo ruido de prensa?
Probablemente un poco de ambos. Santilli, Pettovello y Karina son figuras importantes, así que es natural que la gente especule. Pero cuando hablas con gente dentro del gobierno, todos dicen lo mismo: no hay plan B. Eso sugiere que o bien la decisión de mantener a Adorni fue rápida y definitiva, o que el gobierno está muy interesado en que parezca que lo fue.
¿Qué rol juega esa mesa política que Adorni encabezó después del escándalo?
Es inteligente desde el punto de vista táctico. Adorni lidera una reunión importante justo después de que se cuestione su permanencia. Es una forma de demostrar que sigue siendo funcional, que el gobierno sigue operando, que él sigue siendo necesario. Es teatro político, pero es teatro que funciona.
¿Crees que Milei logró recuperar el control de la agenda con su regreso?
Eso depende de lo que pase en los próximos días. Tiene una semana corta para cambiar la conversación. Si logra que la ley de Glaciares y el resto de la agenda legislativa dominen los titulares, entonces sí. Si los rumores sobre Adorni siguen siendo el tema principal, entonces no.