En el sur de Francia, la humanidad ensambla con precisión milimétrica su apuesta más ambiciosa por un futuro energético distinto: el núcleo del reactor ITER, diseñado para replicar la energía del Sol mediante la fusión de átomos de hidrógeno. Respaldado por las principales potencias del mundo, este proyecto busca demostrar que es posible generar energía limpia, ilimitada y sin los riesgos de la fisión nuclear. Es, en esencia, el intento más serio que la civilización ha hecho por encender su propia estrella.