Italia y Grecia sufren los peores incendios del sur de Europa en julio

Al menos cinco muertos en Grecia, 34 muertos en Argelia, más de 300 heridos, y decenas de miles evacuados incluyendo turistas en islas mediterráneas.
Un bosque seco es combustible. Cuando el fuego empieza, no hay nada que lo detenga.
La combinación de temperaturas extremas y sequedad convirtió el sur de Europa en un polvorín durante julio.

A finales de julio de 2023, el Mediterráneo se convirtió en un mapa de brasas: Italia, Grecia, España y el norte de África ardían simultáneamente bajo temperaturas extremas, recordándonos que el fuego no entiende de fronteras ni de temporadas turísticas. Sicilia contabilizaba 700 hectáreas destruidas y daños superiores a 260 millones de euros, mientras Grecia sumaba 594 incendios en diez días, cinco muertos y casi 19.000 personas evacuadas de sus islas. Lo que estos números no capturan del todo es la pregunta que subyace: cuántas veces más puede el sur de Europa absorber este tipo de verano antes de que la devastación se vuelva irreversible.

  • Las temperaturas superan los 45 grados en Sicilia y los 50 en zonas de Túnez, convirtiendo bosques y campos en combustible instantáneo que los servicios de emergencia apenas pueden contener.
  • Grecia enfrenta su peor crisis en años: Rodas, Corfú y Eubea arden sin control, nueve pueblos costeros son evacuados de noche y el fuego avanza hacia la zona industrial de Volos, una ciudad de 150.000 habitantes.
  • Casi 19.000 personas abandonan Rodas, entre ellas 7.000 turistas atrapados en plena temporada alta, mientras en Argelia el balance ya alcanza 34 muertos y más de 300 heridos.
  • España despliega su Unidad Militar de Emergencias en Túnez para ayudar a controlar el último foco activo, señal de que la respuesta a esta crisis ha desbordado las capacidades nacionales y exige coordinación regional.
  • Aunque algunos frentes se estabilizan —León, Gran Canaria, Argelia— la reactivación nocturna de incendios en Eubea y La Palma advierte que el peligro no cede con la oscuridad.

A finales de julio de 2023, el sur de Europa ardía en varios frentes al mismo tiempo. Italia y Grecia encabezaban una devastación compartida que se extendía también hacia España y el norte de África, con el calor extremo actuando como acelerador implacable.

En Sicilia, 338 incendios distintos consumieron 700 hectáreas en apenas dos días bajo temperaturas que superaban los 45 grados. Los daños combinados —entre Protección Civil y el sector agrícola— alcanzaban los 260 millones de euros. Pueblos de la provincia de Messina seguían en peligro, familias habían perdido sus casas y las redes de agua, electricidad y telefonía habían quedado destruidas. En Palermo, los aviones de extinción sobrevolaban Altofonte mientras el parque Arqueológico de Segesta veía sus alrededores calcinados, aunque el templo griego y el teatro sobrevivieron milagrosamente. El presidente regional declaró que el incendio había sido provocado.

Grecia vivía una crisis de mayor escala. En diez días, 594 incendios habían arrasado el país. Rodas perdió unas 16.000 hectáreas de bosque y obligó a evacuar a casi 19.000 personas, incluidos 7.000 turistas. Corfú y Eubea también ardían sin control, y un nuevo frente amenazaba la zona industrial de Volos, en la Grecia central. El ministro de Protección Civil confirmó al menos cinco muertos.

España gestionaba varios focos con menor intensidad que el año anterior: el incendio de León fue extinguido, el de Gran Canaria estabilizado, aunque en La Palma el fuego se reactivó en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. En Argelia, todos los incendios quedaron controlados, pero dejaron 34 muertos y más de 300 heridos. En Túnez, la Unidad Militar de Emergencias española, junto con aviones del Ejército del Aire, logró sofocar el último foco activo en Tabarka, donde el bosque de Malloula —expuesto al mar, al viento y a más de 50 grados— había sido el más castigado.

A finales de julio, el sur de Europa ardía. Italia y Grecia llevaban días lidiando con incendios que no daban tregua, y ambos países se disputaban el triste liderato de la devastación. Las llamas no respetaban fronteras ni paisajes: devoraban bosques, casas, infraestructuras y, en algunos casos, vidas.

En Sicilia, la situación era particularmente grave. En apenas dos días, 338 incendios diferentes habían consumido 700 hectáreas de bosque mientras las temperaturas superaban los 45 grados. Los números eran abrumadores: la Protección Civil estimaba daños por 60 millones de euros, pero el sector agrícola añadía otros 200 millones más a esa cifra. El jueves aún había una treintena de focos activos dispersos por la isla. En la provincia de Messina, pueblos como Santa Teresa, Letojanni y Savoca seguían en peligro, aunque Mandanici reportaba que la situación estaba bajo control. Aun así, varias familias habían perdido sus casas, redes de agua estaban rotas, y los sistemas de electricidad y telefonía habían sido destruidos por las llamas.

Palermo también sufría. Las avionetas de extinción sobrevolaban la zona boscosa de Altofonte desde la mañana del jueves, mientras que el valle del Fico llevaba dos días ardiendo, aunque los bomberos aseguraban tener ese fuego controlado. Lo que sí escapó al control fue el fuego que rodeó el parque Arqueológico de Segestan: sus alrededores quedaron calcinados, aunque milagrosamente el templo griego y el teatro se salvaron. El presidente regional, Renato Schifani, afirmó que el incendio había sido provocado.

Grecia enfrentaba una crisis aún más amplia. En diez días, 594 incendios habían arrasado el país. Las islas de Rodas, Corfú y Eubea estaban fuera de control, y el fuego se propagaba también por el interior. El frente más peligroso había comenzado el miércoles a cinco kilómetros al oeste de Volos, en la Grecia central, amenazando la zona industrial de una ciudad de 150.000 habitantes. La noche anterior, las autoridades habían evacuado al menos nueve pueblos costeros. Según el ministro de Crisis Climática y Protección Civil, Vasilis Kikilias, el balance provisional era de cinco muertos.

Rodas había sido especialmente castigada. Alrededor de 16.000 hectáreas de bosque habían ardido, varias casas estaban reducidas a cenizas, y un número indeterminado de animales había perecido. Casi 19.000 personas tuvieron que abandonar la isla, entre ellas 7.000 turistas que se vieron obligados a huir. En Eubea, un gran frente se reactivó durante la noche cerca del pueblo costero de Caristo. En Corfú, al noroeste, otro incendio forestal continuaba sin control.

España también lidiaba con varios incendios en julio, aunque sin alcanzar los niveles devastadores del año anterior. El fuego de Santa Colomba de Curueño en León fue extinguido esa misma mañana. En Canarias, el incendio declarado el martes en la cumbre de Gran Canaria estaba estabilizado, pero en La Palma la situación era más complicada: el fuego que había comenzado el 15 de julio se reactivó en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, en una zona de acceso difícil.

En el norte de África, Argelia confirmó el control de todos sus incendios, aunque el balance fue devastador: 34 muertos y más de 300 heridos, además de daños materiales incalculables. La región de Cabilia había sido especialmente golpeada. En Túnez, la Unidad Militar de Emergencias española, junto con dos aviones apagafuegos del Ejército del Aire, logró controlar el último foco activo en la provincia de Tabarka. Desde el lunes, catorce focos habían afectado ocho regiones tunecinas, dejando al menos una víctima mortal. El bosque de Malloula fue la zona más castigada: su ubicación frente al mar, expuesto a vientos fuertes y temperaturas que superaban los 50 grados, lo convirtió en un polvorín.

El presidente regional de Sicilia afirmó que el incendio del parque Arqueológico de Segestan había sido provocado
— Renato Schifani, presidente de Sicilia
Un total de 594 incendios han afectado durante los últimos diez días a Grecia
— Vasilis Kikilias, ministro de Crisis Climática y Protección Civil de Grecia
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué Sicilia y Grecia fueron tan golpeadas en comparación con otros lugares?

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La combinación fue letal. Temperaturas extremas —más de 45 grados en Sicilia, más de 50 en Túnez— secaron toda la vegetación. Un bosque seco es combustible. Cuando el fuego empieza, no hay nada que lo detenga.

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¿Cómo se mide realmente el daño en un incendio así?

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En números: hectáreas quemadas, casas destruidas, vidas perdidas. Pero también en lo que no se cuenta fácilmente. Familias sin hogar. Infraestructuras rotas. Un parque arqueológico rodeado de cenizas. El miedo de 19.000 personas evacuadas de una isla.

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¿Por qué algunos incendios se controlaron y otros no?

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Acceso, recursos, suerte. En Segestan, el fuego rodeó el templo pero no lo tocó. En Rodas, 16.000 hectáreas ardieron. La diferencia a veces es solo dónde empieza el fuego y hacia dónde sopla el viento.

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¿Qué papel jugó la ayuda internacional?

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España envió aviones y personal militar a Túnez. Pero eso llegó tarde para muchos. La UME controló el último foco, pero Argelia ya contaba 34 muertos. La ayuda importa, pero el fuego es más rápido.

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¿Esto era predecible?

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Completamente. Una ola de calor en julio en el Mediterráneo es casi garantizado. Los bosques secos, las temperaturas extremas, los vientos fuertes. Todo estaba ahí. Lo que no se sabe es dónde arderá ni cuándo se detendrá.

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