Israel lanza su mayor ataque contra Líbano: más de 250 muertos y 1.000 heridos

Al menos 254 muertos y 1.165 heridos en el ataque del miércoles; cifras totales desde marzo superan 1.500 muertos, 4.600 heridos y más de un millón de desplazados internos, con 200.000 refugiados en Siria.
Mientras se celebra la tregua, Israel continúa expandiendo sus ataques
El primer ministro libanés denuncia que los bombardeos prosiguen a pesar del acuerdo de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán.

En la mañana de un miércoles de abril, Israel descargó ciento sesenta bombas sobre Líbano en apenas diez minutos, en lo que constituye la operación aérea más intensa de su campaña contra Hizbulá. Al menos doscientas cincuenta y cuatro personas perdieron la vida y más de mil resultaron heridas, mientras los hospitales colapsaban y el mundo observaba cómo un acuerdo de alto el fuego regional entre Washington y Teherán dejaba deliberadamente a Líbano fuera de su amparo. La historia registra este momento como uno en que la arquitectura de la paz se construye con exclusiones, y las exclusiones tienen nombre y rostro.

  • En diez minutos, ciento sesenta bombas transformaron barrios, valles y ciudades libanesas en escenas de rescate masivo, desbordando hospitales y dejando a doce médicos entre los muertos.
  • El primer ministro Netanyahu declaró abiertamente que el acuerdo de alto el fuego con Irán no protege a Líbano, convirtiendo una tregua regional en una señal de luz verde para escalar la ofensiva.
  • El Gobierno libanés calificó los ataques de 'escalada muy grave' y su Ministerio de Salud emitió alertas urgentes para despejar las calles de Beirut y permitir el paso de ambulancias entre los escombros.
  • Desde el inicio de la ofensiva el dos de marzo, más de un millón de personas han sido desplazadas dentro del país y doscientas mil han cruzado hacia Siria, mientras la cifra total de muertos supera ya los mil quinientos.
  • Hizbulá proclama estar al borde de una victoria histórica pero advierte a los civiles que no regresen al sur, mientras el presidente libanés Aoun clama por una paz regional que no olvide a su país.

El miércoles por la mañana, ciento sesenta bombas cayeron sobre Líbano en apenas diez minutos. Beirut, el valle de la Becá, el sur: ninguna región quedó al margen. Los hospitales se desbordaron de inmediato. Al menos doscientas cincuenta y cuatro personas murieron en esas primeras horas, entre ellas doce médicos que atendían a otros. Mil ciento sesenta y cinco resultaron heridas.

El Ministerio de Salud libanés activó su Centro de Operaciones de Emergencia y pidió a los ciudadanos que despejaran las calles de la capital para que las ambulancias pudieran circular. El Gobierno calificó lo ocurrido como una 'escalada muy grave'. El primer ministro Nawaf Salam denunció públicamente que los ataques apuntaban a barrios residenciales densamente poblados, causando la muerte de civiles inocentes en todo el país.

Israel justificó la operación como un golpe quirúrgico contra infraestructura militar de Hizbulá: sedes de comando, instalaciones de misiles, formaciones armadas. El Ejército israelí aseguró que la planificación había llevado semanas y que la inteligencia era precisa, aunque reconoció que gran parte de los objetivos se encontraban en zonas de alta densidad civil.

El trasfondo político añadía una capa de amargura particular. Días antes, Estados Unidos e Irán habían alcanzado un acuerdo de alto el fuego. Netanyahu fue explícito: ese acuerdo no incluía a Líbano. Mientras la región celebraba una tregua, Israel intensificaba su campaña contra el país mediterráneo.

Desde el inicio de la ofensiva el dos de marzo, el balance es devastador: más de mil quinientos muertos, cuatro mil seiscientos heridos, un millón de desplazados internos y doscientas mil personas refugiadas en Siria. El presidente Joseph Aoun aplaudió el acuerdo regional pero exigió una paz que también alcanzara a Líbano. Hizbulá, entre tanto, proclamaba una victoria inminente mientras pedía a los suyos que no volvieran a sus hogares en el sur. La guerra seguía su curso, sin señales visibles de cuándo podría detenerse.

El miércoles por la mañana, Israel ejecutó la operación aérea más devastadora de su campaña contra Líbano. En apenas diez minutos, ciento sesenta bombas cayeron sobre múltiples regiones del país: Beirut, el valle de la Becá, el sur. Los hospitales se desbordaron. Al menos doscientos cincuenta y cuatro personas murieron en esas primeras horas. Mil ciento sesenta y cinco resultaron heridas. Entre los fallecidos en el sur había doce médicos.

El Gobierno libanés calificó lo ocurrido como una "escalada muy grave". El Centro de Operaciones de Emergencia del Ministerio de Salud Pública emitió un comunicado urgente: la prioridad ahora era completar las labores de rescate, sacar a quienes permanecían atrapados bajo los escombros, distribuir a los heridos entre los hospitales según su gravedad. Pidieron a los ciudadanos que redujeran la congestión de tráfico en Beirut y sus alrededores para que las ambulancias y equipos de rescate pudieran moverse.

Israel justificó el ataque como una operación contra infraestructura militar de Hizbulá. El Ejército israelí afirmó haber golpeado sedes de comando, instalaciones de lanzamiento de misiles, y formaciones militares del grupo chií. Dijeron que la información provenía de inteligencia precisa y que la operación había sido cuidadosamente planificada durante semanas. Reconocieron, sin embargo, que gran parte de la infraestructura atacada estaba en el corazón de zonas densamente pobladas, y argumentaron que Hizbulá utilizaba a la población civil como escudo humano.

El contexto político amplificaba la tensión. Días antes, Estados Unidos e Irán habían llegado a un acuerdo de alto el fuego. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dejó claro que ese acuerdo no incluía a Líbano. Mientras se celebraba la tregua regional, Israel continuaba expandiendo sus operaciones contra el país mediterráneo. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, denunció en redes sociales que los ataques se dirigían contra barrios residenciales densamente poblados, causando la muerte de civiles inocentes en todo el país, especialmente en la capital.

Las cifras totales desde el inicio de la ofensiva el dos de marzo eran abrumadoras. Más de mil quinientos muertos. Cuatro mil seiscientos heridos. Más de un millón de personas desplazadas dentro del país. Doscientas mil habían cruzado la frontera hacia Siria, según datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados. La crisis humanitaria se profundizaba cada día.

El presidente libanés, Joseph Aoun, aplaudió el acuerdo de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, pero pidió explícitamente una paz regional que incluyera a Líbano. Hizbulá, por su parte, aseguró estar en el umbral de una gran victoria histórica, aunque advirtió a la población que no regresara a sus hogares en el sur del país mientras continuara la ofensiva israelí. La guerra seguía escalando, y no había señales claras de cuándo podría detenerse.

Israel continúa expandiendo sus ataques, dirigidos contra barrios residenciales densamente poblados, causando la muerte de civiles inocentes en todo el Líbano
— Nawaf Salam, primer ministro libanés
Es el mayor ataque contra infraestructura de Hizbulá desde el inicio de la ofensiva
— Ejército de Israel
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Israel lanzó este ataque precisamente ahora, cuando acaba de haber un acuerdo de alto el fuego?

Model

Netanyahu fue explícito: el acuerdo entre Estados Unidos e Irán no incluye a Líbano. Para Israel, eso significa que tiene vía libre para continuar operando contra Hizbulá sin restricciones diplomáticas.

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Pero ¿cómo justifica atacar zonas civiles si dice que busca infraestructura militar?

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Ese es el argumento central. Israel sostiene que Hizbulá deliberadamente coloca sus instalaciones militares en medio de barrios residenciales, usando a los civiles como escudo. Pero eso no cambia lo que sucede en el terreno: las bombas caen donde caen.

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¿Qué significa que doce médicos murieron en el sur?

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Significa que los hospitales ya estaban bajo presión extrema, y ahora pierden personal calificado justo cuando más lo necesitan. Es un círculo vicioso: más heridos, menos capacidad de atenderlos.

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¿Hay alguna salida visible a esto?

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No en este momento. Hizbulá dice que está ganando. Netanyahu dice que continuará. Un millón de personas desplazadas, doscientas mil refugiadas en Siria. La escala del desastre humanitario es lo que domina ahora.

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¿Qué pasa con los civiles que aún están atrapados bajo los escombros?

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Eso es lo urgente. El Gobierno libanés pidió que se despejaran las calles de Beirut para que las ambulancias y equipos de rescate pudieran trabajar. Pero en medio de una operación militar en curso, esos rescates son cada vez más peligrosos.

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