En la Isla de la Juventud, Cuba, la búsqueda de estabilidad eléctrica ha tomado la forma de paneles solares y baterías: una apuesta por la autonomía energética en un territorio donde los apagones han sido parte cotidiana de la vida. La construcción de dos parques fotovoltaicos de 5 megawatts cada uno, junto con más de 35 sistemas ya operativos en instituciones esenciales, refleja no solo una respuesta técnica a una crisis, sino la aspiración más profunda de una comunidad por sostener sus propios servicios vitales sin depender del exterior.