En el quinto mes de un conflicto que comenzó con la muerte de Ali Khamenei, Irán ha convertido el estrecho de Ormuz —arteria por la que respira una quinta parte de la energía mundial— en palanca de una negociación que ya no es bilateral. Mohsen Rezai, nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, ha trazado cuatro condiciones que atan la reapertura del paso a la suerte de Gaza y Líbano, ampliando el tablero hasta los límites de lo que Washington puede resolver solo. Es la vieja lógica de los cuellos de botella geopolíticos: quien controla el paso estrecho no negocia solo el paso,