Cada invierno, cuando los días se acortan y el sol se vuelve escaso, el cuerpo humano enfrenta en silencio una merma en la producción de vitamina D, nutriente que sostiene desde los huesos hasta las defensas inmunitarias. No todos corren el mismo riesgo: adultos mayores, trabajadores de espacios cerrados y quienes habitan las zonas más australes del país son los más vulnerables a esta carencia estacional. La ciencia y la experiencia clínica coinciden en que la respuesta no está en la automedicación, sino en hábitos cotidianos sostenidos y en la orientación de un profesional de salud que evalúe