Intel regresa al centro del tablero tecnológico no por nostalgia, sino por una apuesta estructural: la alianza Terafab con SpaceX y Tesla para erigir en Texas una planta de semiconductores orientada a la robótica y los vehículos autónomos. El movimiento reencuadra a la compañía como pieza geopolítica en la cadena de suministro de chips, pero abre una pregunta más antigua que cualquier anuncio: ¿puede el precio de una acción anticipar un futuro que aún no ha sido construido? La tensión entre la narrativa del renacimiento y la aritmética del flujo de caja es, en el fondo, la misma tensión que de