Si el Perú logra ese equilibrio, la batalla económica estará ganada antes de empezar
Después de más de una década de conflictos que convirtieron a Tía María en símbolo de las tensiones entre desarrollo y comunidad en el Perú, el Ministerio de Energía y Minas anuncia que la construcción comenzará entre agosto y setiembre de este año. El proyecto de Southern Copper en Arequipa promete miles de empleos y miles de millones en exportaciones, pero su verdadero peso es simbólico: representa la posibilidad de que el país aprenda, por fin, a conciliar la riqueza del subsuelo con la dignidad de quienes viven sobre él. Lo que está en juego no es solo una mina, sino la credibilidad del Perú ante el mundo y ante sí mismo.
- Tras más de diez años de bloqueos, protestas y proyectos cancelados, el Perú intenta demostrar que puede destrabar sus grandes inversiones mineras sin repetir los errores del pasado.
- El país cayó 25 posiciones en el ranking de atractivo minero del Instituto Fraser, una señal de alarma que refleja años de inestabilidad política y social que ahuyentaron capitales.
- Tía María proyecta 9.000 empleos en construcción y US$17.000 millones en exportaciones durante dos décadas, cifras que el gobierno presenta como argumento central para justificar el avance.
- El Minem afirma que el involucramiento comunitario va 'por buen camino', pero la cautela en esas palabras revela cuánto peso histórico carga aún la relación con las comunidades de Arequipa.
- El sector minero es hoy el más optimista en las encuestas del Banco Central, y una cartera de proyectos que supera los US$54.000 millones espera en fila si Tía María logra ser el caso de éxito que el país necesita.
Después de más de una década de disputas que marcaron profundamente a Arequipa, el Ministerio de Energía y Minas anunció que la construcción del proyecto minero Tía María comenzará en agosto o setiembre. La noticia va más allá de un avance operativo: es una señal de que el Perú podría estar girando la página en una de sus batallas más prolongadas entre desarrollo económico y protección ambiental y comunitaria.
Desde la cancelación de Conga en Cajamarca hace más de una década, pocos proyectos han cargado tanto peso simbólico. El titular del Minem, Jorge Montero, señaló que el avance en involucramiento comunitario está 'por buen camino', una afirmación que suena casi cautelosa tras años de tensión con pobladores que temían por sus recursos hídricos. Southern Copper proyecta 9.000 empleos en construcción, 5.000 indirectos en operación, y unos 17.000 millones de dólares en exportaciones durante veinte años, además de 3.400 millones en impuestos y regalías, una cifra equivalente a lo que el Estado invirtió el año pasado en seguridad pública.
El significado de Tía María, sin embargo, trasciende sus propias cifras. El Perú retrocedió 25 posiciones en el ranking de atractivo minero del Instituto Fraser, cayendo del puesto 34 al 59, reflejo de una inestabilidad que alejó inversiones como la de Newmont en Yanacocha Sulfuros. Ahora, con Tía María en movimiento y herramientas como la Ventanilla Única Digital en implementación, el sentimiento inversor parece cambiar: el sector minero e hidrocarburos es ya el más optimista en las encuestas del Banco Central respecto a sus planes de inversión.
La cartera identificada por el Minem supera los 54.000 millones de dólares. Si la mitad se concretara, la transformación económica sería profunda. Pero el desafío no es solo técnico o financiero: el Perú necesita demostrar que puede impulsar grandes inversiones sin sacrificar el medio ambiente ni los derechos de las comunidades. Si Tía María se convierte en modelo de cómo hacer las cosas bien, la batalla económica de los próximos años estará ganada antes de empezar. Si falla, el país volverá al ciclo de conflictividad que lo ha debilitado durante la última década.
Después de más de una década de disputas, bloqueos y enfrentamientos que marcaron profundamente a Arequipa, el Ministerio de Energía y Minas anunció esta semana que la construcción del proyecto minero Tía María comenzará en agosto o setiembre. La noticia representa algo más que un simple avance operativo: es una señal de que el país podría estar girando la página en una de sus batallas más prolongadas sobre desarrollo versus protección ambiental y comunitaria.
Desde que Conga fue cancelado en Cajamarca hace más de una década, pocos proyectos han cargado el peso simbólico que Tía María. El proyecto se convirtió en emblema de los costos que la conflictividad social impone a la minería peruana. El titular del Minem, Jorge Montero, señaló en su presentación que el avance en temas de involucramiento comunitario está "por buen camino", una afirmación que suena casi cautelosa después de años de tensión con pobladores locales que temían por sus recursos hídricos y su entorno.
Los números que rodean a Tía María son considerables. Southern Copper, la empresa propietaria, proyecta crear 9.000 empleos durante la fase de construcción. Una vez que la operación comience, otros 5.000 puestos de trabajo indirectos se sumarían a la economía regional. Durante dos décadas de extracción, con los precios del cobre en sus niveles actuales, la mina aportaría aproximadamente 17.000 millones de dólares en exportaciones y 3.400 millones en impuestos y regalías. Para dimensionar esa cifra: el monto en tributos equivale a lo que el gobierno nacional invirtió el año pasado en orden público y seguridad.
Pero el verdadero significado de Tía María trasciende sus propias cifras. El Perú ha estado en caída libre en los rankings internacionales de atractivo minero. Según el Instituto Fraser de Canadá, que mide anualmente el clima para la inversión en minería, el país retrocedió 25 posiciones en su última encuesta, cayendo del puesto 34 al 59. No es un desliz aislado. Los retrocesos han sido consistentes desde 2018, reflejando la inestabilidad política y social que ha caracterizado al país. Grandes inversiones, como la de Newmont en Yanacocha Sulfuros, simplemente no llegaron.
Ahora, con Tía María en movimiento y otras iniciativas como la Ventanilla Única Digital en implementación, el sentimiento podría estar cambiando. La encuesta de expectativas del Banco Central de Reserva de enero pasado mostró que el sector minería e hidrocarburos es ya el más optimista respecto de sus planes de inversión en los próximos tres y doce meses. La cartera de proyectos que el Minem tiene identificada supera los 54.000 millones de dólares. Si tan solo la mitad de esos proyectos se concretara, la transformación económica del país sería profunda.
El desafío ahora no es solo técnico o financiero. Es político y social. El Perú necesita demostrar que puede impulsar grandes inversiones mineras sin sacrificar el medio ambiente ni los derechos de las comunidades. Si logra ese equilibrio, si Tía María se convierte en un modelo de cómo hacer las cosas bien, entonces la batalla económica de los próximos años estará ganada antes de empezar. Si falla, el país volverá a caer en el ciclo de conflictividad que lo ha debilitado durante la última década.
Citações Notáveis
Este proyecto está avanzando muy bien en los temas sociales y su capacidad de involucramiento social está por buen camino— Jorge Montero, Ministro de Energía y Minas
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Tía María importa tanto si es solo un proyecto más?
Porque no es solo un proyecto. Es la prueba de que el Perú puede aprender de sus errores. Conga fue cancelado, Yanacocha nunca llegó. Tía María es la oportunidad de demostrar que el país ha madurado en cómo maneja la minería.
¿Y qué cambió? ¿Por qué ahora sí?
El Minem dice que han trabajado años en el involucramiento comunitario. Pero también el contexto cambió. El país necesita desesperadamente inversión. Los rankings internacionales nos castigan. Hay urgencia.
¿Esos 54.000 millones de dólares en proyectos son reales o es optimismo de escritorio?
Son reales en el sentido de que existen en la cartera del ministerio. Pero concretarlos es otra cosa. Requiere estabilidad política, seguridad jurídica y, lo más difícil, que las comunidades crean que el Estado las protege.
¿Qué pasa si Tía María falla de nuevo?
Entonces el Perú pierde más que dinero. Pierde credibilidad. Los inversores internacionales dirán que el país no puede gobernar sus propios recursos. Y las comunidades dirán que sus preocupaciones nunca importaron.
¿Es posible hacer minería sin conflicto?
Probablemente no sin tensión. Pero sí sin violencia, sin bloqueos, sin que el proyecto se convierta en símbolo de todo lo que está mal en el país. Eso es lo que Tía María tiene que demostrar.