En Santo Domingo 2026, México consolida una vez más su lugar en la cima de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, acumulando más de 150 medallas en seis días de competencia. Esta hegemonía no es accidental: es el resultado acumulado de décadas de inversión en infraestructura, formación de entrenadores y exposición internacional de sus atletas. La brecha con el resto de la región habla menos de talento innato y más de las condiciones que permiten —o impiden— que ese talento florezca. Lo que se disputa en la pista y el tatami es, en el fondo, una conversación sobre desigualdad de oportunidade