En el otoño de 2018, una visita diplomática de rutina a Rabat transformó silenciosamente la arquitectura de uno de los eventos deportivos más grandes del mundo. Pedro Sánchez propuso de manera improvisada la incorporación de Marruecos a la candidatura ibérica para el Mundial 2030, sin consultar a la FIFA, desencadenando una cadena de tensiones, negociaciones y, finalmente, una reescritura de las propias normas del organismo rector del fútbol mundial. Es la historia de cómo la diplomacia informal puede doblar incluso las reglas institucionales más rígidas.