En un país donde el déficit habitacional pesa como una deuda histórica, un joven de 27 años ha traído desde Europa una máquina capaz de imprimir paredes, escaleras y estructuras completas en menos de dos días. Mateo Salvatto y su empresa Grondplek no proponen un atajo tecnológico frívolo, sino una reconfiguración profunda del modo en que la humanidad construye refugio: más rápido, más barato, con menos desperdicio y sin borrar al trabajador del proceso. Lo que llegó al Cono Sur no es solo una impresora, sino una pregunta sobre qué significa construir en el siglo veintiuno.
Impresoras 3D de hormigón: la revolución constructiva que llega a Argentina
La tecnología no busca reemplazar trabajadores sino cambiar sus tareas, reduciendo labores de carga pesada mientras mantiene necesidad de mano de obra en terminaciones e instalaciones.