En el umbral de una nueva era tecnológica, IBM enfrenta una prueba existencial: sus acciones han perdido cerca del 30% de su valor en lo que va del año, con una caída del 25% en un solo día —la peor desde 1961— tras decepcionar al mercado con resultados trimestrales por debajo de lo esperado. La pregunta que subyace no es solo financiera, sino filosófica: ¿puede una empresa centenaria reinventarse cuando la inteligencia artificial reescribe las reglas del juego antes de que nadie termine de aprenderlas?