En el corazón de la Vía Láctea persiste un resplandor de rayos gamma que la ciencia no ha podido explicar del todo, un enigma que nos recuerda cuánto del universo permanece oculto a nuestra mirada. Investigadores de Viena y Berkeley han recurrido a la inteligencia artificial para analizar ese misterio con una precisión sin precedentes, y lo que encontraron reaviva una de las preguntas más profundas de la astrofísica: ¿estamos viendo, por primera vez, la huella directa de la materia oscura? El hallazgo no resuelve el enigma, pero desplaza el peso de la evidencia hacia lo que durante mucho tiemp