Durante once años, cinco bitcoines permanecieron atrapados detrás de una contraseña olvidada, resistiendo miles de millones de intentos automatizados. En mayo de 2026, no fue la fuerza bruta lo que los liberó, sino la inteligencia aplicada: Claude, la IA de Anthropic, identificó un error fundamental en el propio software de recuperación que había estado buscando en el lugar equivocado todo ese tiempo. El caso no revela una grieta en la criptografía de Bitcoin, sino algo más sutil y más humano: que los sistemas que construimos para protegernos también pueden fallar silenciosamente, y que a vece