Así como la electricidad reconfiguró el siglo XX, la inteligencia artificial agéntica emerge como la nueva energía productiva de nuestra era: sistemas que no solo responden, sino que razonan, actúan y aprenden de forma autónoma. Empresas como Grupo Falabella ya operan a escala con esta tecnología, triplicando conversaciones y resolviendo la mayoría de consultas sin intervención humana. El momento invita a Chile —y al mundo— a preguntarse no solo cómo acelerar la productividad, sino cómo construir un futuro donde la inteligencia artificial amplíe lo más genuinamente humano.