Hace 1,43 millones de años, ocho individuos de Paranthropus boisei caminaron juntos por las orillas del lago Turkana en Kenia, dejando en el barro húmedo una huella que el tiempo convirtió en piedra y la ciencia en testimonio. Veintiuna huellas fosilizadas, excavadas entre 2016 y 2023 en el yacimiento GaJi10, ofrecen hoy la evidencia más directa que existe sobre la vida social de un pariente humano extinto. Lo que los huesos nunca pudieron revelar —que estos ancestros no caminaban solos— quedó inscrito en el sedimento del Pleistoceno temprano, esperando ser leído.