Profesionales formados en condiciones que no les permiten hacer su trabajo
Cada año, millones de mujeres atraviesan consultorios y urgencias cargando en silencio el peso del maltrato, sin que el sistema que debería protegerlas logre verlas. En 2022, el sistema sanitario español detectó apenas 22.323 casos de violencia de género frente a las 182.065 denuncias judiciales registradas ese mismo año, una brecha que no habla de ausencia de violencia sino de ausencia de mirada. El sistema sanitario —que alcanza a todas las mujeres en algún momento de sus vidas— permanece como una de las herramientas más poderosas y menos aprovechadas en la lucha contra el maltrato, limitado no por falta de voluntad sino por escasez de tiempo, recursos y condiciones dignas para escuchar.
- La violencia sexual es la gran invisible: el 90% de sus casos permanece oculto, y en los registros médicos apenas representa el 10,8% de las detecciones.
- Las adolescentes de 14 a 19 años encendieron una alarma: las detecciones en atención primaria casi se duplicaron en un solo año, pasando de 58,6 a 100,5 casos por cada 100.000 mujeres.
- Las mujeres andinas registran una tasa de violencia detectada once veces superior a la de las españolas, exponiendo cómo la vulnerabilidad económica y migratoria amplifica el riesgo.
- Los médicos reconocen el potencial del sistema sanitario para frenar el maltrato, pero denuncian que cuatro minutos por consulta hacen imposible crear el clima de confianza que una víctima necesita para hablar.
- La violencia psicológica —que el Tribunal Supremo reconoció en 2021 como potencialmente más dañina que la física— sigue siendo la menos notificada, perpetuando ciclos de maltrato que las propias víctimas no siempre logran identificar como tales.
Cada año, millones de mujeres pasan por consultorios y urgencias sin que nadie identifique que están siendo maltratadas. El informe anual del Ministerio de Sanidad presentado este viernes revela que en 2022 se detectaron apenas 22.323 casos de violencia machista en el sistema sanitario, frente a las 182.065 denuncias registradas por los juzgados ese mismo año. La brecha es elocuente: el sistema judicial recibe casi ocho veces más notificaciones que el sanitario, pese a que hospitales y centros de salud tienen acceso a todas las mujeres en algún momento de sus vidas.
La violencia física es la más identificada por los médicos, pero la psicológica —igualmente prevalente— se notifica de forma insuficiente. Carmen Fernández Alonso, médica jubilada asesora del Ministerio, advierte que en prácticamente todos los casos de maltrato físico o sexual existe también violencia psicológica, pero casi no se registra. El Tribunal Supremo reconoció en 2021 que puede causar más daño que la física, precisamente porque a través de ella muchas mujeres no llegan a percibirse como víctimas. La violencia sexual es la más invisible de todas: el 90% de sus casos permanece oculto, y en los partes médicos apenas representa el 4,1% de los registros.
Uno de los hallazgos más inquietantes del informe es el aumento de detecciones entre adolescentes: las mujeres de 14 a 19 años casi duplicaron su tasa en atención primaria en un solo año. En el extremo opuesto, a partir de los 50 años las cifras caen, no porque haya menos violencia sino porque hay más normalización y más resistencia a revelarla. Los datos también exponen desigualdades brutales: las mujeres andinas registran una tasa once veces superior a la de las españolas, y las de bajos ingresos casi el doble que las de altos ingresos.
Alicia Martín, médica de Atención Primaria, defiende que el sistema sanitario es uno de los mejores espacios para detectar el maltrato, porque los profesionales acompañan a las familias durante años. Pero señala un obstáculo que ninguna formación puede resolver: el tiempo. Con cuatro minutos por paciente, es imposible crear el clima de confianza que una víctima necesita para hablar. Mientras el teléfono 016 atiende las 24 horas en 53 idiomas, el sistema que debería detectar el problema antes de que llegue a ese punto sigue operando por debajo de su potencial.
Cada año, millones de mujeres pasan por consultorios médicos, urgencias y centros de salud sin que nadie identifique que están siendo maltratadas. El sistema sanitario tiene una oportunidad única para detectar la violencia de género de forma temprana —llega a todas las mujeres en algún momento de sus vidas— pero sigue siendo dramáticamente infrautilizado. Según el informe anual del Ministerio de Sanidad presentado este viernes, en 2022 se detectaron apenas 22.323 casos de violencia machista en hospitales y centros de salud, una cifra que crece año tras año pero que empalidece frente a las 182.065 denuncias registradas ese mismo año por los juzgados. La brecha es enorme: mientras que el sistema judicial recibe casi ocho veces más notificaciones, el sanitario permanece como una red de atención con potencial casi sin explotar.
Lo más preocupante es que esta cifra de 22.323 casos representa apenas una fracción de la realidad. Los expertos estiman que el 80% de la violencia de género permanece oculta en la sociedad, pero en el caso específico de la violencia sexual, esa cifra sube al 90%. Cuando los médicos sí detectan casos, la violencia física es la más identificada —aparece en el 24,6% de las historias clínicas— seguida por la psicológica, también en un 24,6%. Pero la violencia sexual apenas llega al 10,8% de los registros. Carmen Fernández Alonso, médica de familia jubilada que ha asesorado durante años al Ministerio de Sanidad, señala que estas cifras son "todavía muy bajas", aunque reconoce que hay una proporción significativa de casos que las propias mujeres no quieren que consten en su historia clínica por miedo o vergüenza. Lo que más le llama la atención es la infranotificación de violencia psicológica: en prácticamente todos los casos de maltrato físico o sexual existe también violencia psicológica, pero apenas se registra. "Pese a que en ocasiones puede ser peor que la física", explica, la respuesta judicial a estas denuncias es tan decepcionante que muchas mujeres ni siquiera se molestan en reportarla.
El Tribunal Supremo reconoció en 2021 que la violencia psicológica puede causar más daño que la física, porque a través de ella las mujeres a menudo no llegan ni a percibir que están siendo víctimas. Eso agrava la falta de denuncias y perpetúa el ciclo del maltrato durante años, afectando gravemente la salud mental de las víctimas. Sin embargo, en los partes de lesiones que levantan los médicos, el maltrato físico domina con un 51,6% de los casos, mientras que la violencia psicológica aparece en un 38% y la sexual apenas en un 4,1%. Los datos también revelan que en más del 41% de los registros ni siquiera consta qué tipo de violencia se ha detectado.
Un hallazgo inquietante del informe es el aumento llamativo de casos entre las adolescentes. Las mujeres de 14 a 19 años han visto casi duplicarse las detecciones en atención primaria: la tasa pasó de 58,6 casos por cada 100.000 mujeres en 2021 a 100,5 en 2022. Este patrón se repite en las estadísticas de otros organismos en los últimos años, señalando un problema creciente en las más jóvenes. En contraste, a partir de los 50 años el porcentaje desciende notablemente, no porque haya menos violencia sino porque hay una infranotificación masiva. "Existe más resistencia y dificultad para que desvelen su problema", explica Fernández Alonso. "Lo tienen más normalizado por educación, porque es más difícil tomar esa decisión a ciertas edades, cuando se soportan malos tratos durante toda una vida".
Los datos también exponen desigualdades brutales según la nacionalidad y el nivel socioeconómico. Las mujeres andinas —nacidas en Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia— registran una tasa de 578 casos por cada 100.000 mujeres, más de once veces superior a la de las españolas, que es de 49,8. Las marroquíes ocupan un lugar intermedio con 160 casos por cada 100.000. La diferencia por ingresos es igualmente marcada: las mujeres de bajos ingresos tienen una tasa de 154,9 casos por cada 100.000, mientras que las de altos ingresos registran 63,7. Alicia Martín, médica de Atención Primaria que lidera el Grupo de Igualdad y Conciliación del sindicato AMYTS, explica que en las mujeres extranjeras "la vulnerabilidad aumenta muchísimo", especialmente en aquellas con niveles socioeconómicos más bajos. Los factores sociales y económicos influyen decisivamente: para una mujer con recursos limitados, reconocer el maltrato tiene consecuencias mucho más graves que para una mujer con estabilidad económica.
A pesar de estos números desalentadores, Martín insiste en que el sistema sanitario es "si no el mejor, uno de los mejores sitios para atajar la violencia machista". Los médicos acompañan a las familias a lo largo de los años, en consultas de distinta índole donde puede detectarse que detrás hay violencia de género. La formación de los profesionales ha mejorado considerablemente, pero hay un obstáculo que ninguna capacitación puede resolver: el tiempo. "Imagina si tienes cuatro minutos para dedicarle a cada paciente", dice Martín. "Si te cuesta contar en cuatro minutos cualquier otra cosa, imagina tener que contar esto. Es inmensamente importante para que ellas puedan sentirse cómodas, para que nosotros podamos ver qué está pasando, crear un clima de confianza, tirar del hilo". El tiempo es un recurso que falta, especialmente en Madrid, y eso significa que profesionales exquisitamente formados trabajan en condiciones que les impiden hacer su trabajo correctamente. "Las mujeres, y toda la población, se merecen que les podamos dedicar no cuatro, sino todos los minutos que necesiten", concluye.
Mientras tanto, el teléfono 016 continúa atendiendo a víctimas de violencia machista las 24 horas del día en 53 idiomas diferentes, sin dejar registro en la factura telefónica. Pero para que ese número tenga sentido, primero alguien tiene que detectar que existe un problema. Y en eso, el sistema sanitario sigue fallando.
Citações Notáveis
Es inmensamente importante crear un clima de confianza, tirar del hilo. El tiempo es un recurso inmenso que a día de hoy aún no tenemos— Alicia Martín, médica de Atención Primaria
La violencia psicológica puede ser peor que la física, porque a través de ella las mujeres pueden no llegar a percibir que están siendo víctimas— Carmen Fernández Alonso, médica de familia experta en violencia de género
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el sistema sanitario detecta tan pocos casos si todas las mujeres van al médico en algún momento?
Porque la detección requiere que la mujer confíe lo suficiente como para revelar algo que muchas veces ni ella misma ha nombrado como violencia. Y eso necesita tiempo, un recurso que escasea en los centros de salud.
¿Qué diferencia hay entre la violencia que detectan los médicos y la que registran los juzgados?
Los juzgados ven casos que ya llegaron a una denuncia formal. El sistema sanitario podría detectar violencia mucho antes, incluso cuando la mujer aún no se atreve a denunciar. Pero solo si hay espacio para escuchar.
Me sorprende que la violencia psicológica sea tan poco registrada.
Porque es invisible. No deja moratones. Y porque durante años hemos tratado la violencia como si fuera principalmente física. Los médicos están aprendiendo a verla, pero la sociedad aún no le da el peso que tiene.
¿Qué explica que las mujeres jóvenes muestren un aumento tan marcado?
Podría ser que ahora se detecta más porque hay más formación. Pero también podría ser que realmente hay más violencia entre las adolescentes, o que ellas se atreven más a hablar de ello que las mujeres mayores.
¿Por qué las mujeres andinas tienen tasas tan superiores?
No es que haya más violencia en esas comunidades. Es que la vulnerabilidad económica y social las hace más visibles al sistema. Una mujer sin recursos, sin papeles, sin red de apoyo, es más probable que llegue a un centro de salud buscando ayuda.
¿Qué pasaría si los médicos tuvieran más tiempo?
Podrían hacer lo que ya saben hacer: crear un espacio seguro donde una mujer se sienta lo bastante cómoda como para contar la verdad. Eso es todo. Pero requiere tiempo que ahora no tienen.