Nueve de cada diez recuperan el peso en un año, y ganan más
En un tiempo en que la imagen corporal se ha convertido en moneda de identidad, el Hospital Universitario Vithas Las Palmas advierte que las llamadas dietas milagro —amplificadas por redes sociales y dirigidas incluso a niñas— no solo fracasan en nueve de cada diez casos, sino que pueden dejar daños físicos y psicológicos duraderos. Canarias encabeza el uso de estas prácticas en España, un dato que revela cuánto pesan la urgencia estética y la desinformación sobre el criterio médico. La ciencia, una vez más, recuerda que no hay atajo hacia el bienestar: solo el equilibrio sostenido, guiado por profesionales, construye salud verdadera.
- Entre el 85% y el 90% de quienes siguen dietas milagro recuperan el peso perdido en menos de un año, muchas veces con kilos adicionales por el efecto rebote.
- Canarias lidera en España el uso de estas dietas con un 64% de la población, y las redes sociales las están llevando directamente a niñas y adolescentes bajo formatos disfrazados de juego.
- Los daños no son solo pasajeros: estas dietas pueden provocar problemas cardiovasculares, hepáticos y renales, trastornos alimentarios y, en los casos más graves, consecuencias mortales.
- Los especialistas del Hospital Vithas Las Palmas insisten en que la única vía eficaz es la combinación de ejercicio regular y alimentación equilibrada diseñada de forma individualizada por profesionales de la nutrición.
Nueve de cada diez personas que pierden peso con una dieta milagro lo recuperan en el plazo de un año. Muchas terminan con más kilos de los que tenían, atrapadas en el llamado efecto rebote. El Hospital Universitario Vithas Las Palmas está documentando esta realidad con urgencia, porque estas dietas no son simplemente ineficaces: pueden ser peligrosas.
Su atractivo es comprensible. Prometen resultados rápidos centrándose en un solo alimento —la piña, la alcachofa, el apio— o eliminando grupos enteros de nutrientes. Algunas se viralizan en redes sociales con formatos diseñados para atraer a menores, como la llamada dieta de las princesas Disney, que asigna una princesa diferente a cada día de la semana. A esto se suma el consumo no supervisado de laxantes, diuréticos y pastillas adelgazantes sin prescripción médica.
Rita Hernández, técnica en dietética y máster en Nutrición Deportiva y Clínica del hospital, señala el problema de fondo: ningún alimento contiene todos los nutrientes que el cuerpo necesita. El organismo requiere variedad, equilibrio y completitud, principios que estas dietas ignoran por completo.
Según un informe de la Fundación Mapfre y la Academia Española de Nutrición y Dietética, Canarias lidera el uso de estas prácticas con un 64% de la población, seguida de Murcia, Baleares y la Comunidad Valenciana. Son cifras que revelan cuán profundamente se han instalado en la cultura de la pérdida de peso.
Las consecuencias a corto plazo —mareos, estreñimiento, irritabilidad— pueden parecer menores. Pero a largo plazo, estas dietas pueden causar daños cardiovasculares, hepáticos y renales potencialmente irreversibles, además de trastornos alimentarios que persisten mucho después de abandonarlas. Para las niñas y adolescentes, especialmente expuestas, las secuelas pueden marcar el resto de sus vidas. Hernández es rotunda: solo la combinación de ejercicio regular y una alimentación equilibrada, diseñada de forma individualizada por profesionales, garantiza una pérdida de peso real y sostenible.
Nueve de cada diez personas que pierden peso siguiendo una dieta milagro lo recuperan en el plazo de un año. Muchas ganan incluso más kilos de los que perdieron, atrapadas en lo que los nutricionistas llaman efecto rebote. Es una realidad que el Hospital Universitario Vithas Las Palmas está documentando y comunicando con urgencia, porque estas dietas no son simplemente ineficaces: pueden ser peligrosas.
Las dietas milagro tienen un atractivo obvio. Prometen pérdida rápida de peso sin esfuerzo aparente, enfocándose en un solo alimento o grupo alimentario. La dieta de la piña, la de la alcachofa, la del puré de apio. Hay versiones basadas en proteínas, otras que eliminan carbohidratos, otras que se centran en grasas. Y luego están las que se viralizan en redes sociales dirigidas específicamente a menores: la dieta de las princesas Disney, por ejemplo, que asigna a cada día de la semana una princesa diferente, presentándose como un juego para atraer a niñas y adolescentes. A esto se suma el consumo no supervisado de laxantes, diuréticos y pastillas adelgazantes que no han sido prescritas por profesionales.
Rita Hernández, técnica superior en dietética y máster en Nutrición Deportiva y Clínica del Hospital Universitario Vithas Las Palmas, explica el problema fundamental: ningún alimento contiene todos los nutrientes que el cuerpo necesita. Una buena alimentación no puede construirse sobre uno o dos alimentos. El cuerpo requiere variedad, equilibrio, completitud. Las dietas milagro violan este principio básico.
Los números son contundentes. Según el informe Estrategias Rápidas de Pérdida de Peso en la Población Española, elaborado por la Fundación Mapfre y la Academia Española de Nutrición y Dietética, entre el 85% y el 90% de quienes pierden peso con estas dietas lo recuperan en un año. Canarias lidera el uso de estas prácticas con un 64% de la población, seguida por Murcia con 62%, Baleares con 61% y la Comunidad Valenciana con 60%. Son cifras que reflejan cuán profundamente estas estrategias se han infiltrado en la cultura de la pérdida de peso.
No existen atajos para bajar de peso de forma saludable y sostenible. Hernández es clara al respecto: solo funciona una combinación de ejercicio físico regular y alimentación equilibrada, diseñada por profesionales de forma individualizada según las necesidades, el gasto calórico, el estilo de vida y los objetivos de cada persona. El proceso comienza con análisis de sangre para asegurar que no hay parámetros fuera de rango, seguido de una dieta lo más completa posible.
Las consecuencias a corto plazo pueden parecer manejables: dolores de cabeza, mareos, estreñimiento, irritabilidad. Pero con el tiempo, estas dietas pueden causar daños graves y potencialmente irreversibles. Problemas cardiovasculares, hepáticos, renales. Algunos de estos daños pueden ser mortales. Y más allá del daño físico, existe el riesgo de desarrollar trastornos alimentarios que persisten mucho después de que la dieta ha terminado. Para las niñas y adolescentes especialmente vulnerables a estas prácticas, las consecuencias pueden marcar el resto de sus vidas.
Citas Notables
Una buena alimentación no puede centrarse en uno o dos alimentos, no hay ninguno que contenga todos los nutrientes para suministrar al organismo lo que necesita— Rita Hernández, técnica superior en dietética del Hospital Universitario Vithas Las Palmas
Solo funciona una combinación de ejercicio físico y alimentación equilibrada pautada por profesionales de forma individualizada— Rita Hernández, técnica superior en dietética del Hospital Universitario Vithas Las Palmas
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué estas dietas son tan populares si sabemos que no funcionan?
Porque prometen lo que la gente quiere escuchar: resultados rápidos sin sacrificio real. Las redes sociales las amplifican, especialmente cuando se disfrazan de juego o desafío. Para una adolescente, una dieta de princesas Disney suena divertida, no peligrosa.
¿Qué hace que el efecto rebote sea tan inevitable?
Cuando restringes severamente un solo tipo de alimento, tu cuerpo entra en modo de supervivencia. Cuando vuelves a comer normalmente, recupera lo que perdió y más, como si quisiera asegurarse de que no vuelva a pasar. Es biología, no debilidad.
¿Hay algo que distinga a Canarias del resto de España en esto?
Canarias tiene el porcentaje más alto de uso de dietas milagro en el país: 64%. No sabemos exactamente por qué, pero la influencia de redes sociales y la presión cultural alrededor de la imagen corporal parecen ser factores.
¿Cuál es el riesgo más grave que la gente no ve venir?
Los daños cardiovasculares, hepáticos y renales que se desarrollan silenciosamente. Una persona puede sentirse bien mientras su cuerpo se está dañando. Y luego están los trastornos alimentarios que pueden desarrollarse, que son psicológicos y mucho más difíciles de tratar.
¿Entonces qué debería hacer alguien que quiere perder peso?
Buscar un profesional. Hacer análisis de sangre. Diseñar un plan personalizado que combine ejercicio y alimentación equilibrada. No es glamoroso ni rápido, pero es lo único que realmente funciona.