UBA regula el uso de IA en aulas y lanza plataforma propia para estudiantes

El estudiante sigue siendo responsable por la validez de sus argumentos
La normativa de la Facultad de Ciencias Económicas mantiene la autoría y responsabilidad académica del estudiante, incluso cuando usa inteligencia artificial.

En un momento en que la inteligencia artificial ya habita silenciosamente los trabajos universitarios, la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA eligió nombrar lo que existía y darle forma institucional. A mediados de 2026, aprobó una normativa que regula el uso de IA en la enseñanza y lanzó una plataforma propia, cerrada y alimentada por la bibliografía que cada cátedra selecciona. El gesto no es de prohibición ni de rendición, sino de algo más difícil: reconocer una realidad y asumir la responsabilidad de encauzarla.

  • La IA ya estaba en las aulas antes de que ninguna norma la invitara, y la facultad decidió dejar de ignorarlo.
  • La plataforma institucional opera en un entorno cerrado, lejos del caos de internet abierta, anclada solo a los materiales académicos que cada docente elige.
  • Dos mil estudiantes en cuarenta materias ya la usan, lo que convierte la medida en un experimento real, no en una declaración de intenciones.
  • La normativa deja en claro que la autoría y la responsabilidad siguen siendo del estudiante, sin importar cuánto haya intervenido la máquina.
  • Otras universidades del país observan: si el modelo funciona, la UBA podría convertirse en el referente que evite que cada institución empiece desde cero.

La Facultad de Ciencias Económicas de la UBA dejó de mirar hacia otro lado. A mediados de 2026 aprobó una normativa que regula el uso de inteligencia artificial en la enseñanza y lanzó su propia plataforma institucional, integrada al sistema digital que docentes y alumnos ya utilizaban. La medida la posiciona entre las primeras unidades académicas del país en actuar con esta concreción.

Lo que distingue a esta plataforma de herramientas como ChatGPT es su carácter cerrado: el sistema no navega internet sino que responde únicamente con la bibliografía y los materiales que cada cátedra sube. Cuando un estudiante consulta, recibe respuestas construidas sobre el programa de su materia, no sobre cualquier fuente disponible en la web. Según la secretaria académica Natalia Guidolin, el acceso ocurre desde el mismo entorno virtual donde los alumnos ya cursan. Cuarenta materias, ciento ochenta y cuatro cursos y alrededor de dos mil estudiantes ya forman parte del sistema.

La normativa complementa la plataforma con una definición clara: usar IA no transfiere la autoría. El estudiante sigue siendo responsable de su trabajo, debe declarar el uso de la herramienta, verificar la información incorporada y respetar tanto las normas institucionales como las pautas específicas de cada docente. La IA puede acompañar el proceso intelectual, pero no lo reemplaza.

Esta decisión no es una prohibición ingenua ni una aceptación sin bordes. Es un intento de gobernar algo que ya estaba ocurriendo. Si la experiencia demuestra que los estudiantes pueden usar estas herramientas con rigor y que los profesores pueden sostener los estándares académicos, otras facultades del país podrían seguir el mismo camino. La pregunta que queda abierta es si la UBA logrará ser el modelo que unifique esa conversación o si cada institución terminará construyendo su propia respuesta en soledad.

La inteligencia artificial ya no es algo que los estudiantes universitarios usan en secreto, en las sombras de sus trabajos académicos. Está ahí, en el aula, en la pantalla, parte del flujo normal de la clase. La Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires decidió dejar de fingir que esto no estaba pasando y, en cambio, lo reguló. A mediados de 2026, la facultad aprobó un conjunto de normas que establecen cómo se puede usar la inteligencia artificial en la enseñanza, en los trabajos que entregan los estudiantes y en los exámenes. Al mismo tiempo, lanzó su propia plataforma de IA, integrada directamente en el sistema digital que ya usaban docentes y alumnos.

Esta decisión coloca a la Facultad de Ciencias Económicas entre las primeras unidades académicas del país en tomar este tipo de medida. No es un gesto simbólico. La plataforma funciona dentro de un entorno cerrado, lo que significa que no es como ChatGPT o cualquier otro modelo de acceso abierto que pueda buscar en toda internet. En cambio, el sistema de IA que desarrolló la facultad trabaja únicamente con la bibliografía y los materiales académicos que cada cátedra selecciona y sube. Cuando un estudiante hace una pregunta, la respuesta viene de ese acervo controlado, no de cualquier rincón de la web.

Natalia Guidolin, secretaria académica de la facultad, explicó cómo funciona en la práctica. Los estudiantes acceden al chat de IA desde la misma plataforma donde entran a sus aulas virtuales. Cada profesor sube la bibliografía de su materia. Cuando un alumno consulta, está consultando exactamente los materiales que el docente considera relevantes para el curso. No hay sorpresas, no hay desviaciones. Los profesores saben que sus estudiantes están trabajando con el material del programa, no con cualquier fuente que hayan encontrado en internet.

La plataforma ya está en funcionamiento. Cuarenta materias la utilizan, distribuidas en ciento ochenta y cuatro cursos que pertenecen a cuarenta y cuatro cátedras diferentes. Alrededor de dos mil estudiantes tienen acceso a ella. El sistema también incluye mecanismos para proteger la privacidad de los datos de los usuarios, registra todas las interacciones que ocurren dentro de la plataforma y garantiza que todos los estudiantes accedan a la misma información mientras cursan.

Pero la plataforma es solo una parte de la historia. La otra parte es la normativa. Las reglas que aprobó la facultad son claras sobre un punto fundamental: usar inteligencia artificial no cambia quién es el autor del trabajo. El estudiante sigue siendo el autor. El estudiante sigue siendo responsable. Si un alumno entrega un trabajo que usó IA, debe mencionarlo. Debe verificar que la información que incorporó sea correcta. Debe atribuir correctamente las fuentes. Debe respetar las políticas institucionales y las pautas específicas que cada profesor establece para su materia.

La normativa reconoce que la IA puede ayudar en distintas etapas del proceso de producción académica. Puede ser un apoyo. Pero esa asistencia no reemplaza el trabajo intelectual del estudiante. No lo exime de responsabilidad. Quien entrega un trabajo sigue siendo responsable por la validez de los argumentos, por la evidencia que usa, por el cumplimiento de las normas académicas. La IA es una herramienta, no un sustituto.

Esta aproximación de la Facultad de Ciencias Económicas marca un punto de inflexión. No es una prohibición, que habría sido ingenua. No es una aceptación sin límites, que habría sido irresponsable. Es un reconocimiento de la realidad con reglas claras. Otras universidades del país están observando. Si esta experiencia funciona, si los estudiantes aprenden a usar estas herramientas de manera responsable, si los profesores logran mantener el rigor académico, es probable que otras facultades comiencen a desarrollar sus propias plataformas y sus propias regulaciones. La pregunta ahora es si el modelo de la UBA se convierte en un referente nacional o si cada institución termina inventando su propia rueda.

Los estudiantes consultan la bibliografía que usan los profesores en sus materias, de forma que los docentes se aseguran de que sus alumnos están utilizando el material de cátedra que está en el programa
— Natalia Guidolin, secretaria académica de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué la Facultad decidió crear su propia plataforma en lugar de simplemente prohibir el uso de IA o dejar que los estudiantes usen las herramientas que ya existen?

Model

Porque prohibir es imposible. Los estudiantes ya estaban usando ChatGPT y otras herramientas. La facultad podía fingir que no pasaba, pero eso no resolvía nada. Crear una plataforma propia les permite controlar el entorno, asegurar que los estudiantes trabajen con la bibliografía correcta y mantener el rigor académico.

Inventor

¿Qué diferencia hay entre esta plataforma y ChatGPT?

Model

ChatGPT busca en toda internet. Esta plataforma solo busca en los materiales que el profesor subió. Es como la diferencia entre una biblioteca abierta al público y una biblioteca privada de una cátedra. Ambas tienen libros, pero una es mucho más controlada.

Inventor

¿Entonces los estudiantes no pueden hacer preguntas que vayan más allá del material del curso?

Model

Pueden hacerlas, pero la plataforma no les dará respuestas de fuentes externas. Si quieren explorar más allá, tendrán que hacerlo por su cuenta, con otras herramientas. La plataforma de la facultad está diseñada específicamente para apoyar el aprendizaje dentro del programa.

Inventor

¿Cuál es el riesgo de que los estudiantes simplemente copien lo que la IA genera?

Model

Por eso la normativa es tan clara: el estudiante sigue siendo responsable. Debe verificar la información, debe atribuir las fuentes, debe mencionar que usó IA. Si copia sin pensar, eso es plagio, igual que siempre fue. La IA no cambia eso.

Inventor

¿Qué pasa si un profesor no quiere que sus estudiantes usen la plataforma?

Model

La normativa respeta las pautas particulares que cada cátedra establece. Un profesor puede decidir que en su materia no se use IA, o que se use solo en ciertos trabajos. La plataforma es una herramienta disponible, no una obligación.

Inventor

¿Crees que esto va a funcionar?

Model

Es demasiado pronto para saberlo. Pero el hecho de que dos mil estudiantes ya la estén usando en cuarenta materias sugiere que la facultad cree que sí. Lo que importará es si los estudiantes aprenden a usarla responsablemente y si los profesores logran mantener el estándar académico. Eso se verá en los próximos semestres.

Quer a matéria completa? Leia o original em La Nación ↗
Fale Conosco FAQ