El software que crece y aprende con cada misión
Helsing alcanza una valoración de 18.000 millones de dólares con software de IA que aprende en cada misión, rompiendo el tabú histórico europeo sobre tecnología militar. La guerra de Ucrania, la hostilidad de Trump hacia la OTAN y el boom de la IA han transformado la percepción del sector de defensa entre inversores y talento tecnológico.
- Helsing cierra una ronda de 1.800 millones de dólares con una valoración de 18.000 millones
- Sus drones HX2 ya se utilizan en combate en Ucrania
- La empresa fue fundada en 2021 y está ubicada al sur de Alemania
- La guerra de Ucrania, el boom de la IA y la hostilidad de Trump hacia la OTAN transformaron la percepción del sector de defensa
La alemana Helsing cierra una ronda de 1.800 millones de dólares, consolidándose como el primer campeón tecnológico militar europeo. Su éxito refleja un cambio de mentalidad en la industria hacia la defensa impulsado por la guerra de Ucrania y la competencia geopolítica.
Hace apenas cinco años, pedir a un inversor que apostase cientos de millones en una startup europea dedicada a crear software para la guerra habría sido prácticamente impensable. El dinero buscaba tecnología, sí, pero prefería aplicaciones para pedir comida, plataformas de comercio electrónico, cualquier cosa que prometiese revolucionar internet. Hoy el panorama es radicalmente distinto. La alemana Helsing acaba de cerrar una ronda de financiación de 1.800 millones de dólares, consolidándose como el primer gigante europeo de la inteligencia artificial militar. Su valoración de mercado alcanza los 18.000 millones de dólares. La cifra es significativa no por los números en sí, sino por lo que representan: el fin de un tabú histórico y el comienzo de una nueva era en la que Europa intenta construir sus propios campeones tecnológicos en defensa antes de que la distancia con Estados Unidos se vuelva insalvable.
Tres factores convergieron para hacer posible este cambio de mentalidad. Primero, el boom de la inteligencia artificial generativa que comenzó a finales de 2022 cuando OpenAI liberó ChatGPT, elevando la IA a una fiebre bursátil, laboral y social sin precedentes. Segundo, la guerra entre Ucrania y Rusia, que impuso un nuevo umbral tecnológico en el campo de batalla y sacó a la Unión Europea de su aparente burbuja de tranquilidad. Tercero, la manifiesta hostilidad de Donald Trump hacia la OTAN, que generó una ansiedad europea por rearmarse y reducir su dependencia de terceros. Este potente mix transformó la percepción del sector de defensa entre inversores y talento tecnológico. Donde antes había pudor y reticencia, ahora hay capital dispuesto a fluir. Daniel Ek, fundador de Spotify, fue uno de los primeros en apostar por Helsing cuando prácticamente nadie quería hacerlo. Hoy, junto a él, aparecen nombres como General Catalyst, Lightspeed, Lakestar, JPMorgan y varios fondos soberanos europeos. La demanda en la última ronda superó ampliamente el capital que la empresa estaba dispuesta a aceptar.
HelsinG, fundada en 2021, no fabrica armas convencionales. Su verdadera diferencia reside en el software que las mueve. La empresa ensambla drones kamikaze denominados HX2, pero lo que los hace especiales no es su fuselaje o sus formas aerodinámicas. Es un software vivo que crece y aprende con cada misión, donde cada ataque alimenta con nuevos datos el algoritmo. Estos drones ya se están utilizando en Ucrania, y una de sus características más valoradas en el frente es que pueden funcionar incluso cuando las comunicaciones o el GPS son saboteados. El New York Times accedió recientemente a una de las fábricas de Helsing, ubicada al sur de Alemania, donde el secretismo es tal que la planta podría ser empaquetada y trasladada a otra ubicación en tan solo 24 horas si fuese comprometida. En las paredes de la instalación hay un enorme mural que reza: "Protegiendo nuestras democracias".
Este cambio refleja una transformación más profunda en la industria de la defensa. Los gigantes tradicionales como Lockheed Martin o Grumman entregaban armas cerradas, sistemas finalizados. Empresas como Helsing proponen algo parecido a lo que ocurrió con los teléfonos inteligentes: comercializan un sistema que seguirá aprendiendo y creciendo incluso después de salir de fábrica gracias a las actualizaciones continuas. Al otro lado del Atlántico, OpenAI, Nvidia, Microsoft, Amazon y Google firman contratos con el Pentágono a ojos de todo el mundo, sin el pudor que antaño regía estos pactos. Palantir, la empresa estadounidense que lidera este espacio, publicó un manifiesto basado en el libro de su CEO Alex Karp donde hablaba de la deuda moral de la industria tecnológica con el Estado y de la era del poder duro del software. Helsing defiende con vehemencia que es un proyecto europeo controlado mayoritariamente por inversores y capital europeo, sin contratos con el Gobierno estadounidense.
Esta metamorfosis se refleja también en la capacidad de Helsing para atraer talento. La empresa ahora contrata ingenieros procedentes de Tesla o Apple, algo que hace unos años, con el tabú reinante, habría sido más complicado. La guerra de Ucrania cambió eso. También cambió la percepción del capital riesgo, que ya no ve en la defensa un sector incómodo sino una oportunidad de mercado apenas en sus inicios.
HelsinG no está sola. Europa intenta construir su propia generación de campeones tecnológicos en defensa. Quantum Systems desarrolla drones autónomos para reconocimiento y operaciones militares. Auterion construye el software que permite controlar plataformas no tripuladas. La finlandesa NestAI, fundada por Peter Sarlin tras vender Silo AI a AMD, quiere desarrollar un sistema operativo capaz de coordinar drones, robots y sistemas de mando mediante inteligencia artificial. Incluso compañías como Mistral AI, centradas en modelos de lenguaje, empiezan a formar parte de esta conversación con un pacto con Helsing. No porque fabriquen armamento, sino porque poner armamento a funcionar con un modelo diseñado en Estados Unidos o China no parece la decisión más lógica en los tiempos que corren.
Todas estas compañías comparten una misma filosofía: hablan de inteligencia artificial, autonomía, software y soberanía tecnológica mucho más que de tanques o cazas de combate. La frontera entre la tecnología civil y la militar empieza a difuminarse. Los mismos avances que permiten desarrollar robots industriales, vehículos autónomos o grandes modelos de lenguaje pueden acabar utilizándose para coordinar enjambres de drones, gestionar operaciones militares o detectar amenazas en tiempo real. La industria lo llama tecnología dual. En la práctica, significa que buena parte de la próxima revolución militar se está gestando en empresas que hace solo unos años habrían sido clasificadas simplemente como startups de inteligencia artificial.
HelsinG ya trabaja en esa dirección. Además de sus drones, desarrolla el CA 1, un caza no tripulado fabricado en fibra de carbono que pretende realizar misiones demasiado peligrosas para un humano y hacerlo por una fracción del coste de un avión de combate convencional. La idea no consiste en sustituir completamente a los cazas actuales, sino en desplegar decenas o incluso cientos de plataformas autónomas capaces de acompañarlos, saturar las defensas enemigas o penetrar en zonas donde enviar a un piloto sería inasumible. Es una visión de la guerra muy distinta a la que ha dominado las últimas décadas y que explica por qué el software empieza a ser tan importante como el propio hardware. Otro proyecto en el que está trabajando es en la creación de dos constelaciones de satélites para proporcionar inteligencia artificial, vigilancia y seguimiento de objetivos a instituciones europeas y organismos de defensa. Mientras Estados Unidos ya cuenta con gigantes como Anduril, Shield AI o Saronic, Europa intenta cerrar la brecha antes de que se vuelva insalvable.
Citações Notáveis
Defienden con vehemencia que son un proyecto europeo, controlado mayoritariamente por inversores y capital europeo, sin contratos con el Gobierno estadounidense— Helsing
La demanda en la última ronda superó ampliamente el capital que la empresa estaba dispuesta a aceptar— Fuentes de inversión
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué ahora? ¿Qué cambió en los últimos años para que los inversores dejasen de rehuir la tecnología militar?
Tres cosas convergieron. El boom de la IA generativa mostró que el software podía ser tan valioso como cualquier otra tecnología. La guerra de Ucrania demostró que esa tecnología era necesaria ahora, no en un futuro abstracto. Y Trump amenazó la OTAN, lo que hizo que Europa se diese cuenta de que no podía depender indefinidamente de Estados Unidos.
Pero hay algo incómodo aquí. Estos drones ya se están usando en Ucrania. ¿Eso no preocupa a nadie?
Preocupa, pero de una manera distinta a la que preocupaba hace cinco años. Ahora la preocupación es más práctica: si no construimos nuestros propios sistemas, dependeremos de otros. La ética se ha desplazado por la geopolítica.
¿Qué hace que el software de Helsing sea diferente al de una empresa de defensa tradicional?
Que aprende. Un tanque es un tanque. Pero el software de Helsing crece con cada misión, con cada ataque. Es como la diferencia entre un teléfono que no se actualiza nunca y un smartphone. Uno es un producto terminado. El otro es un sistema vivo.
¿Esto significa que la próxima guerra será decidida por ingenieros de software, no por generales?
Probablemente. O al menos, los generales dependerán completamente de lo que los ingenieros hayan construido. La autonomía, la coordinación de enjambres de drones, la detección de amenazas en tiempo real... todo eso es software. El hardware es casi secundario.
¿Y Europa puede realmente competir con Estados Unidos en esto?
Eso es lo que se está jugando ahora. Helsing es el primer paso. Si Europa puede construir una generación de campeones en defensa autónoma, quizá sí. Si no, la distancia se volverá insalvable.