En la Cuba de 2026, la heladería Coppelia de Trinidad volvió a servir helado no por voluntad del Estado, sino por el cálculo de empresarios privados que encontraron rentabilidad donde el sistema eléctrico nacional encontró colapso. Lo que alguna vez fue símbolo de un proyecto social igualitario sobrevive ahora bajo paneles solares financiados por mipymes, en una alianza que revela cuánto ha cambiado el contrato entre el gobierno cubano y sus ciudadanos. La pregunta que flota sobre el helado servido a 80 pesos no es técnica, sino filosófica: ¿puede un bien cultural sobrevivir cuando su accesibi