En 2010, Stephen Hawking recordó al mundo que la vida humana es apenas un instante frente a los 93.000 millones de años luz del universo observable, no para desalentar, sino para invitar a una comprensión más honesta de nuestra condición. Ningún individuo puede abarcar el cosmos, pero la ciencia funciona como una cadena generacional donde cada eslabón hereda, construye y entrega. En esa brevedad compartida reside, paradójicamente, la mayor ambición de la especie.