En diciembre de 2014, Stephen Hawking advirtió a la BBC que una inteligencia artificial plenamente desarrollada podría representar el fin de la humanidad, no por maldad, sino por la insalvable brecha entre la velocidad de evolución de las máquinas y la lentitud de nuestra biología. El físico, que dependía personalmente de tecnología predictiva para comunicarse, no rechazaba la IA en sí, sino que señalaba un umbral específico: el momento en que los sistemas pudieran rediseñarse a sí mismos sin intervención humana. Su advertencia no era un grito de alarma tecnófobo, sino una invitación a goberna