Cada agosto, los bancos españoles libran una batalla discreta por captar nóminas, y este año las apuestas son más altas que nunca: hasta 1.060 euros en efectivo para quien esté dispuesto a cambiar de entidad y cumplir ciertas condiciones. Detrás de la generosidad hay una lógica antigua: la inercia humana ante el cambio convierte a cada cliente fiel en un activo valioso, y los bancos lo saben. La pregunta no es si las ofertas son reales, sino si las condiciones que exigen —permanencias de hasta 48 meses, nóminas mínimas, domiciliaciones— encajan con la vida real de quien las acepta.