Los personajes se le aparecen de repente, y eso no es algo que surja de analogías
En el umbral entre la máquina y la imaginación, Haruki Murakami tomó posición esta semana: la creación literaria no es recombinación de lo conocido, sino el instante en que algo completamente nuevo emerge de la mente humana. Con el lanzamiento de 'La historia de Kaho' —su primera novela con protagonista femenina— el escritor japonés ofreció no solo un nuevo libro, sino una defensa de la singularidad del acto creativo frente al avance de la inteligencia artificial generativa. Su argumento no es nostálgico ni tecnófobo, sino filosófico: hay una diferencia insalvable entre analogía y revelación.
- Murakami rechaza con firmeza la idea de que la IA y un novelista realicen procesos comparables, calificando la distinción como fundamental e irreducible.
- El lanzamiento de 'La historia de Kaho' a medianoche convocó filas de lectores ansiosos, convirtiendo la presentación del libro en un acontecimiento cultural que amplificó el debate sobre creatividad y tecnología.
- El escritor describe su proceso como la aparición súbita de personajes e ideas que no provienen del cálculo, sino de una forma de transformación interior que ningún algoritmo puede replicar.
- Su experiencia en el Wellesley College, una universidad femenina estadounidense, lo llevó a habitar una perspectiva nueva y a escribir por primera vez desde la voz de una protagonista mujer.
- El debate se instala en un territorio más amplio: mientras la IA genera texto en segundos, los escritores defienden que lo que está en juego no es la velocidad, sino la naturaleza misma de lo que significa crear.
Haruki Murakami apareció ante las cámaras esta semana con una posición inequívoca: lo que ocurre en su mente cuando escribe una novela no tiene equivalente en ningún algoritmo. En una entrevista con la agencia Kyodo, el escritor japonés rechazó la comparación entre su proceso creativo y el funcionamiento de la inteligencia artificial, señalando que la IA opera por analogía —tomando lo existente y recombinándolo— mientras que un novelista hace surgir algo que simplemente aparece, sin cálculo previo.
El telón de fondo de estas declaraciones fue el lanzamiento de 'La historia de Kaho', su nueva novela que llegó a las librerías japonesas a medianoche entre filas de lectores impacientes. El libro representa un hito personal: es la primera vez que Murakami coloca a una mujer en el centro de su universo narrativo. El autor reconoció ante el diario Asahi que escribir desde esa perspectiva le exigió ver el mundo con ojos distintos, aunque aclaró que no es diferente de cuando habitó la mente de un adolescente en 'Kafka en la orilla'. Para él, transformarse en sus personajes es parte esencial del oficio literario.
Lo que precipitó este giro fue su tiempo en el Wellesley College, una universidad femenina en Estados Unidos, donde los puntos de vista de las mujeres ocupaban el centro del diálogo académico y cultural. Ese ambiente dejó una huella que terminó dando forma a 'Kaho'.
Mientras la IA generativa avanza a velocidades que asombran, Murakami defiende algo más difícil de medir: la naturaleza del instante creativo. No se trata de rapidez ni de volumen, sino de preguntarse qué distingue al arte humano en una era de máquinas cada vez más capaces de imitarlo.
Haruki Murakami se plantó frente a las cámaras esta semana con una posición clara: lo que él hace en una novela no tiene nada que ver con lo que puede hacer una máquina. En una entrevista concedida a la agencia Kyodo con motivo del lanzamiento de su nuevo libro, el escritor japonés fue directo en su crítica a la inteligencia artificial, rechazando la idea de que sus procesos creativos guarden alguna similitud con los algoritmos que generan texto.
"La IA toma todo lo que ha sucedido hasta ahora y establece analogías", explicó Murakami. "Pero los procesos mediante los que escribo mis novelas son completamente diferentes". La distinción que plantea es fundamental: mientras que los sistemas de IA funcionan por asociación y recombinación de patrones existentes, el trabajo del novelista consiste en "hacer surgir algo nuevo que de repente se te pasa por la mente". Esa diferencia, para Murakami, es insalvable.
El contexto de estas declaraciones es el lanzamiento de "La historia de Kaho", su nueva novela que llegó a las librerías japonesas a medianoche, generando filas de decenas de lectores ansiosos por obtener una copia. El libro marca un hito en la carrera del autor: es la primera vez que una mujer ocupa el rol de protagonista principal en una de sus obras. Murakami ha pasado años explorando la mente de personajes masculinos, pero esta vez decidió cambiar de perspectiva.
Cuando escribe, los personajes se le presentan de manera súbita, sin que medie un proceso de cálculo o analogía. "No es algo que surja de analogías", subrayó. "Probablemente la IA no pueda hacer eso". La diferencia que describe es la que existe entre construir algo a partir de lo conocido y descubrir algo que simplemente aparece en la imaginación. Un novelista, en su visión, es alguien capaz de transformarse en sus personajes, de ver el mundo a través de ojos que no son los suyos.
En entrevista con el diario Asahi, Murakami reflexionó sobre el desafío específico de escribir desde la perspectiva femenina. "Tenía la sensación de ver el mundo a través de unos ojos diferentes a los que suelo usar", comentó. Reconoce que solo puede imaginar cómo experimentan las mujeres la realidad, pero señala que esto no es diferente de cuando escribió "Kafka en la orilla" desde la mente de un adolescente de quince años. Para un novelista, la capacidad de habitar otras vidas es parte del oficio.
Lo que influyó en esta decisión fue su tiempo reciente en el Wellesley College, una universidad femenina en Estados Unidos. Pasar tiempo inmerso en ese ambiente, donde los puntos de vista de las mujeres ocupan un lugar central en el diálogo académico y cultural, dejó su marca en la escritura de "Kaho". Murakami percibió algo en el aire de ese lugar que lo llevó a querer explorar cómo una mujer podría contar una historia en su universo narrativo.
Mientras la IA generativa sigue avanzando a velocidades vertiginosas, capaz de producir textos completos en cuestión de segundos, Murakami defiende algo más intangible: el proceso mediante el cual un escritor humano crea. No es velocidad lo que está en juego, sino la naturaleza misma de la creación. El debate que plantea trasciende la novela y toca preguntas más amplias sobre qué es lo que distingue el trabajo artístico humano en una era de máquinas cada vez más sofisticadas.
Notable Quotes
La IA toma en cuenta todo lo que ha sucedido hasta ahora y establece analogías, pero los procesos mediante los que escribo las novelas son completamente diferentes— Haruki Murakami
El papel de un novelista consiste en hacer surgir algo nuevo que de repente se te pasa por la mente— Haruki Murakami
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Crees que Murakami está siendo defensivo, o realmente hay algo en su argumento sobre cómo funciona la creatividad?
No creo que sea defensiva la posición. Lo que describe es observable: cuando un escritor trabaja, hay momentos donde algo simplemente aparece sin que haya un proceso consciente de búsqueda. La IA, por definición, no puede hacer eso porque funciona por recombinación.
Pero ¿no es posible que la IA simplemente esté haciendo lo mismo de una manera que no entendemos completamente?
Quizás. Pero Murakami está hablando de algo más específico: la sorpresa de descubrir algo que no sabías que ibas a escribir. Eso requiere una mente que pueda sorprenderse a sí misma.
¿Y qué hay de su decisión de escribir con una mujer como protagonista? ¿Eso está conectado con su crítica a la IA?
Creo que sí, de una manera. Al escribir desde una perspectiva diferente, está demostrando precisamente lo que defiende: la capacidad de transformarse, de ver a través de ojos que no son los propios. Eso es lo opuesto a la analogía.
¿Crees que el tiempo en Wellesley fue decisivo?
Parece que fue un catalizador. No fue que decidiera escribir sobre mujeres porque leyó estadísticas. Fue que estuvo en un lugar donde esa perspectiva estaba viva, presente, y algo en él respondió a eso.