En el cruce entre la geopolítica industrial y la fragilidad financiera, el conglomerado surcoreano Hanwha ha extendido una mano sobre los astilleros estadounidenses de Austal, ofreciendo entre 1.050 y 1.200 millones de dólares por activos que forjan submarinos nucleares y buques de guerra. El movimiento no es improvisado: es el segundo intento de una estrategia paciente que, tras fracasar en 2024 por exceso de ambición, ahora se ciñe solo al territorio estadounidense para sortear los escollos regulatorios. En un momento en que Washington urge a expandir su capacidad naval militar, una empresa