Bajo las arenas de Tebas, un equipo hispano-egipcio ha desenterrado algo que los siglos no habían revelado antes: un perro momificado reposando directamente sobre una pareja humana en una tumba utilizada durante siete siglos. El hallazgo en la Tumba Tebana 209, publicado en Frontiers in Environmental Archaeology, no solo desafía los registros conocidos de la arqueología egipcia, sino que invita a preguntarse si el amor entre humanos y animales es, acaso, una de las constantes más antiguas de nuestra especie.