Descubren vértebra de titanosaurio guardada 40 años en cajón antártico

En cuanto lo vi, supe a qué nos enfrentábamos
El paleontólogo Paul Barrett reconoció al instante la vértebra como perteneciente a un titanosaurio tras cuarenta años de olvido.

En 1985, un geólogo recogió un hueso en la Antártida y lo guardó creyendo que era de un reptil marino. Cuatro décadas después, ese mismo fósil —olvidado en un cajón del British Antarctic Survey— resultó ser la primera vértebra caudal de titanosaurio confirmada en el continente blanco. Su redescubrimiento no es solo un triunfo de la paleontología, sino un recordatorio de que el tiempo puede ocultar verdades enormes en los lugares más silenciosos, y que el pasado remoto de la Tierra aguarda, paciente, a que alguien vuelva a mirar.

  • Un hueso clasificado erróneamente en 1985 durmió cuatro décadas en una colección científica sin que nadie sospechara su verdadera identidad.
  • La confusión original —reptil marino en lugar de dinosaurio terrestre— bastó para que el fósil quedara enterrado entre miles de especímenes antárticos sin revisión.
  • Un curator curioso abrió el cajón correcto y reconoció que la forma de la vértebra no encajaba con lo que decía la etiqueta, desencadenando una consulta urgente con un experto.
  • El paleontólogo Paul Barrett identificó el hueso de inmediato como titanosaurio, convirtiendo un error de archivo en el hallazgo confirmado más importante de dinosaurios en la Antártida.
  • El fósil reescribe la imagen del continente: donde hoy hay hielo y silencio, alguna vez hubo bosques tropicales y gigantes herbívoros de más de treinta y cinco metros.

En 1985, el geólogo Mike Thomson encontró un hueso en la isla James Ross, en la Antártida. Lo describió en su cuaderno como una vértebra de reptil grande y lo entregó al British Antarctic Survey. Con esa clasificación errónea, el fósil quedó archivado entre miles de especímenes de expediciones antárticas. Nadie volvió a examinarlo.

Cuarenta años después, Mark Evans, responsable de las colecciones del Survey, revisaba material almacenado cuando abrió ese cajón. La forma de la vértebra le pareció extraña para un reptil marino y decidió consultarlo con Paul Barrett, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Cambridge. Barrett reconoció el hueso en cuanto lo vio: era un titanosaurio, inconfundible por su morfología. Lo que el equipo de 1985 había descartado resultó ser la primera vértebra caudal de dinosaurio confirmada en la Antártida.

Los titanosaurios eran herbívoros cuadrúpedos de proporciones extraordinarias —más de treinta y cinco metros de longitud y hasta sesenta toneladas— que usaban sus largos cuellos para alcanzar las copas de los árboles. Que uno de ellos haya caminado por la isla James Ross dice mucho sobre el pasado del continente: cuando este animal vivía allí, la Antártida no era un desierto de hielo sino un territorio de bosques tropicales, aguas cálidas y megafauna terrestre. Un hueso guardado sin saberlo durante cuatro décadas se convierte así en una ventana a un mundo que el planeta ya no recuerda.

En algún momento de 1985, un geólogo llamado Mike Thomson estaba en la isla James Ross, en la Antártida, cuando encontró un hueso. Lo anotó en su cuaderno de campo con un pequeño dibujo: "vértebra de reptil grande", escribió, midiendo unos diez centímetros de ancho. Luego lo guardó. Cuarenta años después, ese hueso seguía en un cajón del British Antarctic Survey, sin que nadie supiera realmente qué era.

La historia de cómo un fósil puede desaparecer en el tiempo es más común de lo que uno pensaría. El equipo que lo encontró en 1985 creyó que pertenecía a un reptil marino, una conclusión comprensible pero equivocada. Con esa clasificación errónea, la pieza se archivó entre miles de otros especímenes recolectados por expediciones antárticas a lo largo de décadas. Nadie volvió a mirarla. Los años pasaron. Las colecciones crecieron. El fósil se convirtió en una más entre muchas.

Hace poco, Mark Evans, responsable de las colecciones del British Antarctic Survey, estaba revisando material almacenado desde hacía años cuando se topó con el cajón que contenía este hueso. "A veces, cuando empiezas a preguntarte qué habrá en este cajón, te topas con algo y piensas: 'Ah, esto parece interesante'", recordó Evans. Algo en la forma de esa vértebra le llamó la atención. No parecía un reptil marino. Decidió consultar con Paul Barrett, profesor del Museo de Historia Natural en Cambridge, para verificar su intuición.

Barrett vio el fósil y supo de inmediato qué era. "Aunque a simple vista no llame mucho la atención, tiene una forma realmente distintiva", explicó. "En cuanto lo vi, supe a qué nos enfrentábamos... estaba totalmente seguro de que se trataba de un titanosaurio". La combinación de características morfológicas era única, inconfundible para quien sabe dónde mirar. Lo que el equipo de 1985 había clasificado como un reptil marino era en realidad la primera vértebra caudal de dinosaurio confirmada en la Antártida.

Los titanosaurios eran criaturas extraordinarias. Herbívoros cuadrúpedos con cuellos y colas enormemente largos, usaban esos cuellos para alcanzar las copas de los árboles mientras sus colas funcionaban como contrapeso para mantener el equilibrio. Los ejemplares más grandes superaban los treinta y cinco metros de longitud y pesaban alrededor de sesenta toneladas. Más de cien especies han sido identificadas en todo el mundo, pero esta vértebra de la isla James Ross es especial por lo que revela sobre dónde vivieron.

La Antártida de hoy es un continente de hielo y desolación. Pero cuando este titanosaurio caminaba por la isla James Ross, el ambiente era completamente distinto. Había bosques y selvas tropicales de clima cálido. Había agua tibia. Había vida terrestre de gran escala. Este pequeño hueso, guardado sin ser visto durante cuatro décadas en un cajón de Cambridge, es una ventana a ese mundo perdido. Ayuda a reconstruir cómo era ese continente blanco cuando no era blanco en absoluto, cuando albergaba a algunos de los animales terrestres más grandes que jamás hayan existido.

A veces, cuando empiezas a preguntarte qué habrá en este cajón, te topas con algo y piensas: 'Ah, esto parece interesante'
— Mark Evans, responsable de colecciones del British Antarctic Survey
Aunque a simple vista no llame mucho la atención, tiene una forma realmente distintiva. En cuanto lo vi, supe a qué nos enfrentábamos... estaba totalmente seguro de que se trataba de un titanosaurio
— Paul Barrett, profesor del Museo de Historia Natural
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¿Cómo es posible que un paleontólogo no reconozca un hueso de dinosaurio en 1985?

Model

El equipo original vio una vértebra grande y pensó en reptil marino. En ese contexto, en la Antártida, no era una conclusión descabellada. Pero la forma tiene detalles muy específicos que solo se ven si sabes qué buscar.

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¿Y nadie revisó el material en cuarenta años?

Model

Estaba archivado entre miles de especímenes. Las colecciones son vastas. A veces un hueso se pierde no porque desaparezca, sino porque nadie lo mira con los ojos correctos.

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¿Qué cambió cuando Mark Evans lo encontró?

Model

Tuvo curiosidad. Preguntó qué había en ese cajón. Y cuando lo vio, algo le pareció raro. Luego consultó a alguien que sabía leer esa forma.

Inventor

¿Qué nos dice este hueso sobre la Antártida antigua?

Model

Que no siempre fue hielo. Que tuvo bosques tropicales. Que animales gigantes caminaban por allí cuando el clima era cálido. Un solo hueso, pero cuenta una historia entera.

Inventor

¿Es raro encontrar dinosaurios en la Antártida?

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Sí. Este es el primer hueso de dinosaurio confirmado allí. Eso hace que sea importante, no solo por lo que es, sino por lo que representa: evidencia de que ese continente fue muy diferente.

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