Hallan en Belchite una fosa común con 150 fusilados de la Guerra Civil

Aproximadamente 150 personas fusiladas y enterradas en fosa común; alrededor de 400 asesinatos totales en represión de Belchite durante la Guerra Civil.
El olvido sigue ganando terreno cada año que pasa
Reflexión sobre cómo las ruinas de Belchite se erosionan mientras la identificación de víctimas permanece incompleta.

En el cementerio de Belchite, la tierra ha devuelto los restos de 150 personas fusiladas en los primeros días de la Guerra Civil española, víctimas de una represión sistemática que, según testimonios de la época, cobró cerca de 400 vidas en ese pueblo aragonés. Los arqueólogos que dirigen la excavación advierten que identificar a los muertos será, para muchos de ellos, una tarea imposible: el exilio, el silencio y el paso del tiempo han borrado los lazos que podrían unir esos huesos con un nombre. La historia regresa a exigir memoria, pero encuentra que buena parte de sus testigos ya no están.

  • Los cráneos con orificios de bala y los esqueletos con señales de ataduras revelan una ejecución metódica y brutal, no el caos de la batalla.
  • Solo veinte personas han aportado muestras de ADN para cotejar con los 150 cuerpos hallados, una cifra que hace casi imposible cumplir el objetivo de devolver los restos a sus familias.
  • El exilio de muchas familias durante y después de la guerra, sumado a la falta de descendientes directos, convierte la identificación en un reto que los propios investigadores reconocen como insuperable para una parte significativa de las víctimas.
  • Las ruinas del Pueblo Viejo de Belchite, escenario de una de las batallas más sangrientas del conflicto, se erosionan cada año mientras el Gobierno promete fondos para preservarlas, en una carrera contra el olvido que parece perderse lentamente.

En el cementerio de Belchite, en Zaragoza, un equipo de arqueólogos ha extraído los restos de 150 personas fusiladas en las primeras semanas de la Guerra Civil. Las excavaciones, financiadas con fondos públicos de Memoria Histórica, sacan a la luz una represión que, según el testimonio de un falangista capturado e interrogado por republicanos, causó cerca de 400 muertes en el pueblo. Muchos cráneos presentan orificios de bala; algunos esqueletos conservan señales de haber sido atados antes de morir.

La excavación fue codirigida por Hugo Chauton y el doctor en Antropología José Ignacio Lorenzo, quien advierte que el verdadero desafío comienza ahora: identificar esos restos para devolverlos a sus familias. El proceso depende del cotejo de ADN con muestras aportadas por descendientes, pero hasta el momento solo veinte personas han colaborado. La cifra es insuficiente frente a la magnitud de lo hallado.

Las dificultades son profundas. Algunas víctimas no tienen descendientes vivos; otras pertenecen a familias que se exiliaron y de las que se perdió el rastro. Lorenzo reconoce que, en la práctica, muchos de estos muertos permanecerán sin nombre.

Belchite no fue solo escenario de represión inicial. Más adelante en la contienda, la Batalla de Belchite dejó cerca de 5.000 muertos de ambos bandos. El pueblo quedó destruido y el régimen franquista construyó uno nuevo junto a sus ruinas, abandonadas definitivamente años después. Hoy, el Pueblo Viejo se erosiona lentamente mientras el Gobierno promete millones para consolidarlo. Con los esqueletos emergiendo del cementerio, la historia vuelve a reclamar atención, aunque muchos de sus muertos sigan sin tener quien los nombre.

En el cementerio de Belchite, en Zaragoza, un equipo de arqueólogos ha sacado a la luz los restos de 150 personas fusiladas durante los primeros días de la Guerra Civil. Los esqueletos, extraídos durante excavaciones realizadas en octubre y financiadas con fondos públicos de Memoria Histórica, cuentan una historia de represión sistemática que cobró la vida de aproximadamente 400 personas en el pueblo durante esas semanas iniciales del conflicto.

La masacre ocurrió cuando milicias de Falange tomaron control de Belchite en las primeras semanas de la contienda. Un falangista que participó en aquella purga sangrienta fue capturado e interrogado años después por republicanos, y su testimonio permitió reconstruir la magnitud de lo que sucedió: fusilamientos masivos ejecutados en el cementerio local. Ahora, décadas después, los arqueólogos han encontrado evidencia física de esa violencia. Muchos de los cráneos presentan orificios de bala, marcas de tiros de gracia. Algunos esqueletos aún muestran señales de haber sido atados de pies y manos antes de morir.

La excavación fue codirigida por Hugo Chauton y José Ignacio Lorenzo, un doctor en Antropología que ha trabajado en múltiples proyectos de investigación sobre fosas comunes de la Guerra Civil de ambos bandos. Ahora comienza la tarea que Lorenzo describe como el desafío más complicado: identificar esos restos para devolverlos a las familias. El proceso depende de pruebas de ADN, cotejando muestras que puedan aportar descendientes de las víctimas. Hasta ahora, apenas veinte personas han facilitado muestras de ADN. La cifra es ínfima comparada con la cantidad de cuerpos que necesitan identificación.

La dificultad es múltiple. Algunas víctimas no tienen descendientes vivos. En otros casos, las familias se exiliaron durante o después de la Guerra Civil, y se perdió su rastro. Lorenzo explica a ABC que en muchos casos será imposible cumplir con el objetivo de devolver los cuerpos a sus familias. El silencio y la dispersión de décadas han hecho que la identificación sea, en la práctica, un reto casi insuperable para una parte significativa de los muertos.

Belchite no fue solo escenario de represión en los primeros días. Avanzada la contienda, el pueblo se convirtió en uno de los enclaves más disputados de la Guerra Civil. Republicanos e insurgentes se enfrentaron en combates cruentos por su control estratégico. Algunas fuentes hablan de 5.000 muertos de ambos bandos en la Batalla de Belchite, uno de los episodios más sangrientos del conflicto. El pueblo quedó destrozado. Tras la guerra, el régimen franquista construyó un pueblo nuevo junto a las ruinas del original, que fueron abandonadas por sus últimos habitantes años después.

Hoy, el Pueblo Viejo de Belchite permanece como testimonio de esa tragedia. Sus ruinas se erosionan cada año. El Gobierno de Pedro Sánchez ha prometido 4 millones de euros para consolidar esas ruinas y evitar que desaparezcan, según el proyecto de Presupuestos Generales del Estado en tramitación en el Congreso. Pese a la invocación de Memoria Histórica desde los años del presidente Zapatero, el olvido sigue ganando terreno. Cada año que pasa queda menos de lo que fue. Ahora, con los esqueletos emergiendo del cementerio, la historia vuelve a exigir ser recordada, aunque muchos de sus muertos permanezcan sin nombre.

El principal objetivo es devolver los cuerpos a las familias, pero es el problema más complicado al que nos enfrentamos ahora
— José Ignacio Lorenzo, doctor en Antropología
En muchos casos las familias se exiliaron y se ha perdido su rastro, o no quedan descendientes
— José Ignacio Lorenzo
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué es tan difícil identificar estos restos si tenemos tecnología de ADN disponible?

Model

El problema no es la tecnología. Es que necesitamos muestras de ADN de descendientes vivos para hacer las comparaciones. Cuando una familia se exilió hace 80 años, o cuando no quedan descendientes, simplemente no hay con qué cotejar.

Inventor

¿Cuántas muestras tienen hasta ahora?

Model

Apenas veinte. Para 150 cuerpos. Es una proporción que muestra el alcance del problema: la mayoría de estas personas murieron sin dejar rastro familiar accesible.

Inventor

¿Qué significa encontrar orificios de bala en los cráneos?

Model

Significa tiros de gracia. Ejecuciones deliberadas. No fue un combate donde murieron personas. Fue represión sistemática: captura, traslado al cementerio, fusilamiento.

Inventor

¿Por qué el régimen franquista construyó un pueblo nuevo en lugar de reconstruir el antiguo?

Model

Fue una forma de borrón y cuenta nueva. Las ruinas quedaban como recordatorio incómodo. Un pueblo nuevo significaba empezar de cero, dejar atrás lo que había pasado.

Inventor

¿Qué sucede si no logran identificar a la mayoría?

Model

Quedan enterrados nuevamente, pero esta vez con dignidad y reconocimiento de lo que fueron. Al menos sus muertes dejan de ser anónimas, aunque sus nombres se pierdan.

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