Al final de un mandato que redefinió las coordenadas diplomáticas de Colombia, Gustavo Petro eligió La Habana como destino simbólico de su último viaje oficial, reuniéndose con Miguel Díaz-Canel en un gesto que condensa años de acercamiento entre Bogotá y La Habana. La visita no es un accidente del protocolo: es el epílogo de una presidencia que apostó por la soberanía latinoamericana, la paz negociada y la solidaridad con una isla que el mundo occidental ha mantenido en el margen. En el arco largo de la historia regional, este encuentro marca el momento en que Colombia, por primera vez bajo u