Este domingo, el cielo argentino ofrece lo que pocas maravillas ofrecen: un espectáculo gratuito, accesible y antiguo como la humanidad misma. Fragmentos de cometa, viajeros del sistema solar, se desintegran en la atmósfera dejando trazos de luz que duran apenas segundos pero permanecen en la memoria mucho más. No se necesita telescopio ni formación científica, solo oscuridad, paciencia y la disposición de levantar la vista en la madrugada.